RECUERDOS DE UN TÍO ESPECIAL
No sé cómo ni por qué es que tengo dentro de mis recuerdos un momento y sólo ese, que viví junto a mi padre, mi madre, mi tío Gaudencio y su esposa Genoveva. Aquellos que creen en la reencarnación del alma perderían el tiempo tratando de convencerme que eso es una prueba de su teoría, sólo acepto la Encarnación de Jesucristo que es el acto de haberse hecho carne (ser humano) siendo Dios. Pero bueno, este no es el lugar para entrar en detalles filosóficos ni teológicos, dejémoslo ahí por ahora.
Lo cierto es que tenía yo tan sólo dos años de edad en 1960 (corroborado por mi madre que tiene una foto del instante que ahora describo), por cierto una edad muy corta como para poder recordar un hecho así, de acuerdo con las teorías psicológicas que dicen que es a partir de los 5 años de edad, mas o menos, que podemos recordar los momentos vividos en nuestra infancia.
Estábamos en uno de los parques más antiguos y grandes que conozco en Lima, "El Campo de Marte", éste se divide en varios sectores de jardines triangulares en su mayoría, llenos de un césped siempre verde y rodeado de árboles que yo veía enormes. No sabía a qué especie de vegetales correspondían, pero miraba alrededor y me parecía un inmenso campo que no tenía límites alrededor.
Ese día, me imagino yo, salimos a pasear a dicho parque porque quedaba cerca del taller de mi papá (eso lo sé ahora). No sé que día era, posiblemente domingo en la tarde porque era el único día libre que mi padre se daba durante la semana. Me acuerdo que llegamos, entramos a uno de los jardines gramados y de un momento a otro, mi tío Gaudencio me cargó en sus brazos y mi papá tomó la foto. Mi madre y mi tía riéndose de la escena porque parecía que yo estaba tratando caminar por mis propios medios desde los brazos de mi madre hacia los de mi tío.
Dicho sea de paso, este tío fue uno de los que en mi infancia y adolescencia, siempre me trataba con mucho afecto, a pesar de tener un temperamento no tan expresivo. Hablaba siempre bien de mí, se daba tiempo para jugar conmigo cuando estaba en mi casa y hasta me puso un apodo ya que en ese tiempo aún no existía mi hermana menor: "El Príncipe Azul", ja, ja, ja, hasta ahora me da risa, pero creo que me gustaba el alias, sólo que eso cambió cuando nació mi hermana Sarita, entonces me empezó a vacilar con que me habían desplazado del principado.
Como mencioné antes, de este momento quedó grabada una imagen fotográfica, en blanco y negro por su puesto, que mi madre debe tener guardada hasta ahora en esos álbumes antiguos, de pasta dura y labrada en alto relieve que guarda con celo santo. Creo que en esta era de la tecnología, ya es tiempo que se suba a mi facebook, ¿no? Algún día...