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El Blog de Josue Fernando V. J.

"LA GRAN COMISIÓN"

Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.(Mateo 28:16-20)

Cuando separamos éste texto del contexto del libro de Mateo, podemos cometer múltiples errores de interpretación y por consiguiente, de aplicación de la voluntad de Dios. El mandato final de Jesús a sus discípulos nos enseña que:

1. Su mandato surge a raíz de su resurrección. Ésta ha sido la victoria de Dios sobre la muerte, el miedo y la mentira que el imperio, el poder y satanás pretendieron imponer en la mentalidad del pueblo. Por eso, no es su muerte el fin de su obra, sino su resurrección, que además constituye (ahora sí) el final de todo un recorrido de vida que demostró el verdadero sentido de su Reino y su Justicia. Es lo que le hace afirmar al Señor: "Todo poder me es dado en cielo y tierra...". (Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo...)

2. Su mandato es id. Pero la implicancia del "id" no es "vayan a predicar a todas partes", lo que nos ha llevado a formar especialistas en misiones para que vayan a llevar el evangelio a un lugar específico del planeta o a traer gente a nuestro templo (últimamente "megaiglesias"), o también a armar grandes y costosas campañas evangelísticas, etc. El sentido de id es "yendo haced...". Significa que en el camino de nuestro andar diario debemos hacer discípulos, no esperando lugares o momentos especiales para discipular. Es en el vivir diario (casa, trabajo, barrio, centro de estudios, etc) que estamos llamados a cumplir la voluntad de Dios. ¿Y cuál es ésta?

2.1. Hacer discípulos a todas las naciones. Nos damos cuenta que el énfasis no es escoger un país e ir a predicar allá. Tampoco la misión es sólo predicar, menos esperar momentos especiales para hacerlo. Nuestro modelo para hacer discípulos es Jesús. Él empezó haciendo ejemplos (Mateo 9:35, 36 recorría, enseñaba, predicaba, sanaba. 11:5 hacía ver, andar, limpiaba indignidades, daba vida y esperanza a los pobres), luego llamó y mandó a hacer lo mismo (Mateo 10; 5:13-16).

2.2. Bautizar discípulos en su nombre. No una mera incorporación del discípulo a un templo específico (porque la misión no se trata de llevarlo a un lugar), sino haciendolo sentirse parte del Cuerpo Universal de Cristo, de tal manera que todo hijo de Dios se comprometa con su Reino y Justicia (Hechos 2:41, 42; 4:34, 35). Además tengamos en cuenta que al principio de la iglesia el bautismo se consideraba parte de la misma conversión porque sucedía al mismo tiempo (Hechos 2:38, 41).

2.3. Enseñar al discípulo a guardar todo lo que Jesús enseñó. (El sermón del monte, la búsqueda de la justicia y la paz, el discernimiento de la verdad y la falsedad respecto al evangelio, el discernimiento social del gobierno de este mundo, la amplitud de criterio para ver la obra de Dios aún entre los que no son de nuestra iglesia, etc. Hay muchísimo más que enseñarle al discípulo que sólo las doctrinas teóricas.

2.4. Confiar en su promesa de estar presente en nuestro medio en todo tiempo. Nótese que el énfasis de Jesús no es individualizar al discípulo sin tener en cuenta a los demás, Él habla siempre en plural "estoy con vosotros". Nuestra misión no tiene nada de egoismo, al contrario, lucha contra él.

En conclusión podemos decir que, viendo la realidad de la iglesia y el cumplimiento de su misión a través de predicaciones, campañas evangelísticas, aires libres, etc.,, ésta ha tenido una visión muy corta, reduccionista y muchas veces hasta divisionista, a pesar del fervor con que se hicieron, es hora de cambiar para ser obedientes a nuestro llamamiento.

Hoy el mundo está a la espera de ver la verdadera y completa acción de Dios en el mundo, por lo cual quizá ninguna congregación particular pueda afirmar que la está cumpliendo a cabalidad, porque nos necesitamos cada vez más unos a otros.

Es hora de dejar las niñerías de los corintios, los retrocesos de los gálatas, las áridas intelectualidades de los colosenses, las superficialidades de los tesalonisenses y los pecados de las iglesias del apocalipsis. No podemos servir a Dios y a las riquezas, no podemos servir al Señor y a nuestra carnalidad, ni debemos entretenernos con espiritualidades ingenuas. "El que persevere hasta el fin, ese será salvo"

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