EN EL INTERNACIONAL ELIM DE VITARTE
Los dos primeros años en el colegio fueron para conocer la forma de trabajo del director y la comunidad educativa. Me parece que conmigo las relaciones del director fueron buenas, de respeto mutuo y mucha exigencia. Los alumnos con quienes trabajaba en la secundaria fueron esforzados en su mayoría, aunque también había los que no tenían motivación para estudiar. En general me llevé muy bien con ellos, también con los de primaria. Los padres de familia respetuosos y colaboradores, algunos más que otros.
El director exigía compromiso con el trabajo, buena comunicación entre los docentes y reverencia con las cosas espirituales. Me parece que el compromiso con el trabajo todos lo teníamos, la comunicación entre colegas fue desarrollándose poco a poco porque varios éramos nuevos y en mi caso, no perteneciendo a la misma congregación del MMM, recién estaba entendiendo su forma de relacionarse entre ellos. Estaba prohibido conversar un hombre y una mujer a solas, tenía uno que llegar temprano y ponerse a orar de rodillas en el templo antes de empezar las actividades. Era mal visto jugar fútbol a la salida con los alumnos y eso era algo que a varios profesores nos gustaba, aparte del deporte, porque tomábamos mayor confianza con los chicos y podíamos aconsejarles de acuerdo a sus necesidades particulares.
La comunicación entre colegas se hizo dificultosa porque, de acuerdo a las recomendaciones que daba el director, se sentía una especie de espionaje a cualquier acercamiento entre docentes de diferente sexo y por lo tanto ésta no se pudo concretar con libertad. Empecé a darme cuenta que los profesores miembros de la iglesia se sentían muy presionados y con temor a ser llamados por el pastor o por el director para amonestarlos por alguna cosa que habían hecho o dicho mal, es decir no había libertad para trabajar con satisfacción.
Pronto se notó que el director empezó a llamar la atención de manera rígida y amenazante a los alumnos que se portaban inadecuadamente, pero lo que me llamó la atención fue que desde el púlpito o en reuniones públicas del patio también amonestaba a los profesores; lo más raro fue que hablaba de manera general, como si todos los profesores hubieran cometido las faltas que mencionaba. Todos nos sentimos mal por eso, pero "la procesión iba por dentro". Esa fue una característica negativa que quitó la confianza entre los docentes y el director y a pesar que alguna vez lo conversamos con él, nunca lo corrigió.
Entendía su celo por la obra de Dios, su responsabilidad por el trabajo académico y su temperamento efusivo y exigente, pero no comprendí muy bien porqué parecía decidido a mostrar sólo esa actitud, hasta pensamos que le habían enseñado que sonreír era malo o que ser amable en público era incorrecto, pero soportamos esa situación y seguimos trabajando.
Un día nos comunicó que a partir de esa fecha todos los profesores estaban obligados a quedarse los días viernes después de la salida para orar por los alumnos y tener un devocional. Yo entendía que la oración era un privilegio del cristiano y que era nuestra "obligación moral" hacerlo permanentemente, pero la orden se manifestó como una obligación coactiva y muchos la veían como un castigo. Empecé pensar que ese era el tipo de discipulado que recibían en la iglesia y lo que hacían en el colegio era reproducir ese mismo modelo.
En realidad el director se encargó de ser el protagonista principal del colegio, esa fue la imagen que nos dejó a muchos y parecía que no había alternativa, así que seguimos trabajando, tratando de no tener problemas con él. Lo que hacía grato el trabajo era que servíamos al Señor y que tratabamos con alumnos y alumnas con quienes daba ganas esforzarse. Muchos de ellos se encariñaban con el profesor y aprovechábamos esa condición para entrar en sus corazones y ayudarles a tener valores humanos y cristianos. Creo que lo logramos con varios de ellos porque hasta ahora algunos se comunican con nosotros.
Una anécdota que me sucedió con el hermano Juan Espíritu fue que, después de un servicio en el templo, creo que era el aniversario del colegio, se me acercó sonriendo, me dio la mano y me preguntó ¿Cómo estamos, en victoria? Claro- le dije- conversamos algo más y se me ocurrió comentarle que yo pensaba que él tenía el don de evangelista con pasión por las almas perdidas y, de un momento a otro, le afirmé categóricamente que llegaría a ser pastor de la iglesia. Él sonrió aún más y me dijo: "Está ud profetizando". Le dije: seguramente. A fin del siguiente año nos comunicó que el pastor Rodolfo lo había llamado para ser pastor de la iglesia y que era un llamado de Dios, así que renunció a la dirección del plantel.
Todos se preguntaban y ¿quién será el nuevo director o directora? Algunos especulaban hasta que lo supimos, pero esa será otra historia.