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El Blog de Josue Fernando V. J.

PROFETISMO MODERNO

¿FE PARA HABLAR? O ¿FE PARA HACER?

"...Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? (Lucas 18:8b)

El contexto del pasaje bíblico es la pregunta de los fariseos sobre cuándo vendría el Reino de Dios (17:20). En resumen, Jesús les responde:

1. No vendrá con advertencia.(17:20b)

2. No crean, ni sigan a los que dicen: Ya viene, aquí está...(17:23)

3. El Reino de Dios está entre vosotros. (17:21)

4. Su venida será como el relámpago, todos lo verán. (17:24)

5. Será como en los días de Noé y de Lot (todo sigue normal) (17:26, 28)

6. Unos serán tomados (los que "pierdan" su vida) y otros dejados ("los q "salven" su vida) (17:33-36)

7. Es necesario buscar y clamar día y noche por la justicia. Dios responderá. (18:1-8a)

Jesús termina su respuesta con un "Pero" que desafía a todos los cristianos de todos los tiempos, y con una interrogante: "... cuando venga... ¿hallará fe en la tierra"?

Si Jesús vendrá sin advertencia ni señales que los judíos le pedían ¿Por qué abundan hoy los mensajes que advierten su venida presentando las calamidades mundiales como señales de ella? Si Jesucristo mismo no quiso dar señales, ¿por qué lo tendríamos que hacer nosotros? No será una mala interpretación de los textos? La única señal fue la de Jonás. Es decir, su muerte y resurrección. Evaluemos.

Jesús manda a sus discípulos no hacer caso, ni seguir a los que dan estas señales. Y en Mateo 24 dice que nos cuidemos de los falsos profetas que engañarán a muchos, porque por su falsedad e hipocresía, el amor de muchos se enfriará, es decir, la gente que antes creía se volverá incrédula. Es difícil volver a confiar en quienes nos fallaron, no? Estos falsos Cristos y profetas harán grandes señales y prodigios y lograrán engañar aún a los escogidos. ¿Estamos seguros de a quién estamos siguiendo? porque hoy hay tantos por ahí que son tan famosos por sus milagros, que opacan casi completamente a Jesucristo. Por eso es que Jesús dice: "El que persevere hasta el fin, éste será salvo". ¿No está pasando esto en nuestros días?

Jesús enseña que su Reino YA está en el mundo, por su presencia con sus discípulos. Pero también enseña que el Reino está por venir, es decir que aún no está completo. Nos toca a nosotros mostrar ese Reino de Dios aquí y esperar su plenitud, no "salvando" nuestra vida (acumulando riqueza engañando a otros), sino "perdiendo" nuestra vida (buscando su Reino y su justicia).

Todos veremos cuando Cristo venga. Aún no está aquí porque resucitó y se fue. Su venida no será "espiritual" como algunos dicen.

Todas las actividades humanas estarán centradas en el egoísmo, el placer y la acumulación de cosas materiales (¿Cómo puede tergiversarse el evangelio para predicar otro, el de la llamada "prosperidad"?)

Si algo debe caracterizar nuestra espera del Señor, será la búsqueda de la justicia, es decir, trabajar por mejores condiciones de vida para los más desfavorecidos por el sistema globalizado. Buscar mayor igualdad y justicia en el trato del prójimo y de la misma creación. Siendo pacificadores, es decir, buscando la paz entre la gente, las comunidades, las naciones. Y seguir predicando el evangelio de salvación, sin cambiar sus valores ni principios, para evitar ser absorvidos y utilizados para los intereses del mundo, el diablo y la carne. (Mateo 25:31-46)

Pero lo cierto es que la última pregunta de Jesús nos deja un desafío inmenso. No para desalentarnos, sino para tomar fuerzas en Él y ser valientes y esforzados en nuestra obediencia a su voluntad, aunque así nuestra vida se desgaste. Aunque parezca que lo que hacemos no da resultado su Reino crece como la semilla de mostaza, cuando menos nos demos cuenta, será un árbol inmenso...

Jesús nos deja una duda: cuando venga, ¿hallará fe en la tierra? Y yo me pregunto: Tantos avivamientos y conversiones en el mundo, tantas megaiglesias en diferentes lugares, tantas noticias de que los cristianos somos cada vez más en cada país, etc. ¿Qué estaremos haciendo cuando Cristo venga? ¿Echando fuera demonios? ¿Orando por milagros sin esforzarnos? o ¿Danzando, profetizando o decretando lo que Dios no nos mandó? ¿O quizá debemos pensar que esas conversiones y cantidad de miembros que se dan ahora no lo son en realidad.

Lo que pienso personalmente es que, así como los medios de comunicación masiva nos dan informaciones extravagantes y mayormente distorcionadas, de acuerdo a los intereses de grupos minoritarios, así también se manejan muchas veces los avivamientos y crecimientos numéricos de la iglesia.

Deberíamos hacer un "mea culpa" y ser más honestos en nuestra predicación, nuestra enseñanza, nuestros informes misioneros, y dejarnos de delirios de grandeza cuando el mismo Señor, que conoce el presente y futuro, dudó que serían verdad.

Apocalipsis 22:11,12 dice: "El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía. He aquí yo vengo pronto y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra".

¿GLORIA A DIOS O A LOS HOMBRES?

Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado, dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo. Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros. Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque éste era el que llevaba la palabra. Y el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba frente a la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas, y juntamente con la muchedumbre quería ofrecer sacrificios.  Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay. En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos; si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones. Y diciendo estas cosas, difícilmente lograron impedir que la multitud les ofreciese sacrificio. (Hechos 14:9-18)

He escuchado y visto muchas veces que pastores, profetillos, milagreros y cuantos seguidores tengan éstos, cada vez que oran por un enfermo reprenden a satanás o echan fuera demonios sin conocer primero cuál es la causa de la enfermedad de la persona. Casi todos estos suponen que está enfermo porque tiene demonios.

Se necesita verdadero discernimiento para saber si una persona enferma por la que vamos a orar está así por motivos físicos, mentales o espirituales. Esto es lo que Pablo hizo con el enfermo del texto. No lo vemos expulsando demonios o algo así. Él se dio cuenta de la fe del enfermo y mandó levantarse en el nombre del Señor. No vemos que está media hora o más gritando o haciendo caer escandalosamente al enfermo para sanarlo. En nuestro tiempo hay mucho show y showsman.

Por otra parte, observamos una actitud ciega y fanática de la gente que ve la sanidad. Ellos sólo pensaron en adorar a quienes fueron instrumentos de Dios para dar sanidad al enfermo. Pensaron que eran dioses y les ofrecieron sacrificios. Los apóstoles bíblicos hicieron bien en aclararles que no era el poder de ellos, sino de Dios y que no podían quitarle esa gloria al Señor, si no lo hacían así, ellos se convertían en ídolos y la gente seguía en su idolatría. Después de esa experiencia, no vemos a éstos apóstoles creerse algo especial por encima de los demás creyentes, al contrario, observamos mayor humildad en su servicio al Señor.

Lo que pasa en nuestros días con los autoproclamados profetas, apóstoles y sus cobertores, es que se les suben los humos hasta más no poder. Algunos buscan dinero, otros, en su debilidad y vanagloria, caen en adulterios, pero otros tienen ansias de poder. Sueñan con gobernar, mandar y ser obedecidos por multitudes sin chistar. No han sabido manejar ese complejo de superioridad que les domina. Por eso se les ve entrando a sus locales de reunión con guardaespaldas (supuestos intercesores, "incondicionales" sería mejor llamarlos), sin saludar ni mirar a nadie. Suponen ellos que están como en éxtasis, llenos del Espírirtu y no quieren ser interferidos por nadie, Así que no saludan, ni muestran amabilidad. Llegan al púlpito y dicen que cuando están allí todo lo que hacen viene de Dios. Afuera es otra cosa.

Cuando se les observa su actitud arrogante, se defienden diciendo que ellos sí dan la gloria a Dios, porque les dicen a la gente que lo hagan. Pero lo cierto es que en sus corazones están felices de ser alagados, honrados, obedecidos y que sus palabras dominen a muchos. En el texto de hechos 14, Pablo y Bernabé hicieron lo mismo y la gente no les hizo caso. Hoy hay muchos fanáticos e idólatras que hablan más de sus "apóstoles" o "profetas" que de Dios. ¿Creen ellos que les harán caso? ¿Acaso no se dan cuenta que la gente fanática no les hace caso y siguen dándoles a ellos la gloria en vez que a Dios?

No seamos ciegos, ni sordos ("No hay peor ciego que el que no quiere ver"), estudiemos la Palabra de Dios con menos prejuicios y complejos para que Él nos abra los ojos y podamos discernir lo que viene de Dios y lo que viene del diablo, del mundo o de la carne. Así, tomemos una buena decisión. Él nos llamó a seguirle y a servirle a Él, no a hombres con ansias de poder, dinero o placer. Tampoco a hombres o mujeres que teniendo dones de Dios (algunos), dejan ser idolatrados por gente sin discernimiento espiritual.