DIA DEL TRABAJADOR
Hoy tuve el privilegio de participar en la marcha convocada por los sindicatos de la ciudad de Barranquilla, con motivo del "Día del Trabajador". Fui con mi esposa y mi hija adolescente; se trataba de apoyar el justo reclamo de los obreros y empleados de los distintos sectores productivos que mantienen su lucha a pesar de la indiferencia del gobierno y de la globalización que afecta particularmente a nuestros países latinoamericanos.
Las consignas tenían un tono de burla y rechazo categórico al gobierno del presidente Álvaro Uribe, que consideran, se ha desentendido de las necesidades básicas de alimentación, salud y educación de la mayoría de colombianos, dando prioridad a las grandes empresas transnacionales para usufructuar los recursos de su país y beneficiarse a su antojo, con miras a la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos que, si se realiza, sólo beneficiará a algunos grupos de exportadores.
Esto es notorio desde que el presidente aceptó la imposición del imperio, para establecer siete bases militares de EE.UU. en su territorio, con el supuesto fin de ofrecer ayuda en la lucha contra el narcotráfico y realizar campañas sociales en beneficio de las poblaciones vecinas a dichas bases. Los sindicatos entendieron muy bien los intereses de la potencia mundial que poco o nada tenían que ver con los fines mencionados, y el sometimiento del presidente colombiano a los dictados del tío Sam. De ahí su rechazo.
Por otra parte, los sindicatos rechazaron a los representantes del continuismo uribista y eligieron, como era de esperarse, a un candidato que -de acuerdo a su trayectoria y compromiso con los marginados y las necesidades sentidas de su pueblo- los represente y lleve a cabo un programa de gobierno con miras a reducir lo más posible la desigualdad, la corrupción, las injusticias y supere la pacificación exclusivamente militarizada del presente gobierno. Ésta confianza recae ahora en el candidato a la presidencia de la República, Gustavo Petro.
Personalmente dí todo mi apoyo al rechazo del continuismo, a pesar de los logros que le achacan a Uribe sobre la pacificación. Lo que sucede es que el presidente, a mi modo de ver, puede considerarse una especie de "Fujimori" a la colombiana, ya que su mayor logro es la minimización de la violencia terrorista y su apertura a los capitales extranjeros casi sin restricciones. Fujimori tuvo que cerrar el Congreso de la República en el Perú por tener demasiados opositores, y llenarlos luego de sus compinches, pero Uribe no necesitó hacerlo porque tenía mayoría parlamentaria.
También apoyo los justos reclamos de los trabajadores. Pero lo que no me pareció correcto es ver que algunos sindicatos, participantes de la marcha, se retiraron antes de llegar al lugar donde se pronunciarían los discursos principales, presagiando que habrían problemas con los grupos anarquistas que proponían el "voto en blanco". Y lo que ocurrió después fue que se despacharon una comilona con borrachera que me pareció muy cómodina.
Sin embargo, vaya nuestro respaldo para todos los trabajadores luchadores, comprometidos con la justicia, la honestidad y la búsqueda de la paz, que son características irrevocables del Reino del Dios de la Vida.
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