CAPITULO 2
Yo soy la rosa de Sarón, Y el lirio de los valles. Como el lirio entre los espinos, Así es mi amiga entre las doncellas. Como el manzano entre los árboles silvestres, Así es mi amado entre los jóvenes; Bajo la sombra del deseado me senté, Y su fruto fue dulce a mi paladar. Me llevó a la casa del banquete, Y su bandera sobre mí fue amor. Sustentadme con pasas, confortadme con manzanas; Porque estoy enferma de amor. Su izquierda esté debajo de mi cabeza, Y su derecha me abrace. Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, Por los corzos y por las ciervas del campo,
Que no despertéis ni hagáis velar al amor, Hasta que quiera. ¡La voz de mi amado! He aquí él viene Saltando sobre los montes, Brincando sobre los collados. Mi amado es semejante al corzo,
O al cervatillo. Helo aquí, está tras nuestra pared, Mirando por las ventanas, Atisbando por las celosías. Mi amado habló, y me dijo: Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Porque he aquí ha pasado el invierno, Se ha mudado, la lluvia se fue; Se han mostrado las flores en la tierra, El tiempo de la canción ha venido, Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola. La higuera ha echado sus higos, Y las vides en cierne dieron olor; Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes,
Muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz; Porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto. Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; Porque nuestras viñas están en cierne. Mi amado es mío, y yo suya; El apacienta entre lirios. Hasta que apunte el día, y huyan las sombras, Vuélvete, amado mío; sé semejante al corzo, o como el cervatillo
Sobre los montes de Beter.
"No despertéis ni hagáis velar el amor hasta que quiera", es una oración que se utiliza muchas veces para llenar un espacio importante en una tarjeta de invitación a un matrimonio cristiano, y por supuesto la expresión tiene belleza, poesía y romanticismo , sólo que dicho fuera de su contexto cultural, geográfico y lingüístico pareciera que el matrimonio, de manera mágica, va a resultar en un amor imperecedero, y casi todos sabemos que no es así.
El amor no es mágico, ni viene envuelto en una hermosa caja de regalo. Algunos pensarán que el amor, por ser de Dios, es un regalo que Él nos da terminado, pero resulta que no es así, el amor se construye y eso es lo que nos muestran los dichos de este cantar entre la esposa y el esposo.
En primer lugar vemos que la mujer dice: "Yo soy..., y habla muy bien de ella misma, es decir se unió a su esposo con una buena autoestima. Una buena autoestima no significa para nada orgullo o altivez, sino un concepto equilibrado de uno mismo, sin creerse más, ni menos que los demás. Esto es importante para que el amor crezca porque evita actitudes incorrectas en la relación conyugal: estar a la defensiva o hacerse la víctima, etc.
En las mujeres de manera especial porque las experiencias vividas en un matrimonio descompensado psicológicamente dan cuenta de la forma indigna en que viven muchas mujeres que no han aprendido a valorarse así mismas. Algunas endiosan tanto a sus esposos que cuando se dan cuenta de sus infidelidades se les cae el mundo, pero son o se sienten incapaces de salir adelante sin su compañía. Quizá mujeres demasiado dependientes de sus padres.
Otras viven haciéndose las víctimas de todo hasta que llegan a hartar al esposo que cansado pierde el interés en seguir construyendo su felicidad con ellas, Esto no justifica en ninguna manera su proceder infiel, pero recalca el error grave que cometen algunas mujeres en su relación de pareja. Por lo tanto, será mejor prestar atención a los ejemplos bíblicos con una correcta contextualización de los mismos.
En segundo lugar vemos que la actitud del varón es la de resaltar positivamente la imagen de la esposa en medio "los espinos", es decir, es casi imposible no hacer comparaciones entre mujeres, pero el hombre que valora a su mujer siempre la ve a ella como ganadora entre muchas que pueden ser más hermosas físicamente, pero es allí donde él recuerda lo mejor de su esposa.
Luego vemos que la esposa llama "deseado" a su esposo. No es de las que esperan la llegada del esposo con temor de su ira, tampoco con vergüenza de su inferioridad, sino con ansias, con gusto, con sorpresas alentadoras, con ganas de conversar, compartir, alegrarse o llorar juntos porque sabe que juntos llevan la carga. Es en este contexto que la mujer se siente "enferma de amor", expresión poética que da a comprender su máximo placer de amar y saberse amada.
Ni las estaciones del año, ni la música, ni la naturaleza toda hacen olvidar al hombre que su mujer es lo que más desea y espera el mejor momento para disfrutarlo con ella. Ella se alegra al oír su voz, él no deja de animarla a salir y pasar el mayor tiempo juntos.
Así sí da gusto vivir el amor, que de esa manera entendemos, es un regalo de Dios.