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El Blog de Josue Fernando V. J.

RECUERDOS MUSICALES DE MI QUERIDO VIEJO 1

El primer recuerdo de mi padre ligado a la música fue cuando yo contaba con alrededor de 7 años de edad. Fue un día 24 de diciembre de 1965, noche de navidad en que la familia tenía la costumbre de repartir los regalos a las doce de la noche. Confesaré mi egoismo al revelar que no me acuerdo el regalo que les tocó a mis 3 hermanos, pero sí que a mi me compraron un organo pequeño a pilas. Era de color crema con una tapa de plástico transparente encima que al abrirlo empezaba un sonidito que avisaba estar listo para tocar. Sus teclas eran delgaditas y tendría como tres o cuatro octavas.

No sé si mis padres se imaginaron, descubrieron o simplemente querían despertar en mí el amor por la música. Ahora que recuerdo, posiblemente intuyeron que me gustaría porque, como me contaban después con mucha gracia, cuando tenía como dos o tres años de edad, cada vez que se caía al suelo una tapa de olla en la cocina yo decía: "tilin, tilin, cayó la tapa". Lo cierto es que ese regalo me llenó de mucha satisfacción.

Recuerdo que al día siguiente de recibir mi sonoro regalo, fuimos con toda la familia a visitar a mis tíos Pedro y Jobita, ella era hermana de mi madre y vivían en Vitarte, como a una hora de viaje de Lima, en automóvil. Antes habíamos recogido a mi tío Gaudencio, otro de los hermanos de mi madre, y juntos enrumbamos hacia el Nor-este de la capital peruana.

Al llegar, después de los abrazos navideños y en medio de la conversación de los adultos, alguien me preguntó cuál había sido mi regalo. Fue entonces cuando saqué mi pequeño teclado, le puse las pilas, abrí la tapa y me dispuse a ejecutar una melodía eclesiástica conocida por todos, el coro: "Alabaré, alabaré". A los 5 minutos ya había dominado la melodía y la repetí muchas veces emocionado de que me resultara sencillo hacerlo.

Fue la primera melodía que toqué y la sentí como una experiencia extraordinaria, allí descubrí que ese talento iba a acompañarme toda mi vida. Cuando ya el pequeño organito me quedaba chico porque me faltaban teclas para seguir sacando canciones, mis padres me compraron otro instrumento más grande, pero esa... es otra historia.

La música ha estado ligada a mi vida hasta ahora, pero me sirvió muchísimo en el ministerio eclesiástico que desarrollé posteriormente. Doy gracias a Dios por el don que me concedió, a mis padres por intuirlo acertívamente y a las iglesias que me dieron la oportunidad de servir al Señor y compartir con algunos niños y jóvenes este conocimiento musical.    

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