En mi experiencia cristiana evangélica que data desde mi nacimiento en una familia de esta tradición, no escuché enseñanza sobre el ayuno bíblico hasta más o menos el año 1977 cuando mi iglesia tuvo contacto con hermanos que venían de iglesias pentecostales que tenían esta práctica permanentemente. Fue un tiempo bueno el compartir con ellos diferentes posiciones respecto a enseñanzas que recibimos y, aunque en ese tiempo yo recibía todo con avidez, me llamaba la atención algunas cosas que me parecían hasta ilógicas.
Fue así que se escuchaban cosas como que el ayuno lo volvía más espiritual al creyente, que mientras más ayunaba uno, más cerca estaba de Dios para recibir revelaciones especiales y específicas. El ayuno se volvió casi una "varita mágica" para conseguir lo que uno quisiera que Dios le dé, por ejemplo, cuando se le contaba algún problema a un hermano, te decía: "no te preocupes, eso se arregla con tres ayunos", y a mí me parecía estar escuchando al sacerdote católico cuando al confesarse mandaba a orar diez Padrenuestros y cinco Avemarías.
Cuando empecé a estudiar la Biblia me di cuenta que efectivamente, la biblia hablaba del ayuno que era una práctica del pueblo de Israel y otrros pueblos antiguos, sólo que había recibido enseñanza de la buena, pero también de la otra, por eso será mejor prestar atención a lo que dice la Biblia acerca de este tema tan importante y tan manipulado a la vez.
La primera referencia al ayuno en la Biblia la encontramos en Lev. 16:29, donde Dios establece una fecha específica (10 del 7º mes) para que Israel lo dedique al ayuno. La ley decía que éste es dedicado a Dios y que debía suspenderse todas las labores de ese día, que es una ley permanente para los israelitas, que será un día de reposo y que el propósito era recibir el perdón y limpieza de los pecados (v.30). El sacerdote tenía que ofrecer sacrificios a Dios, primero por sus propios pecados y los de su familia, después por los de los sacerdotes y luego por todo el pueblo. Este ayuno se debía celebrar una sola vez al año.
Recordemos que Israel está en el desierto y Dios está tratando de cambiar la mentalidad de su pueblo que había salido de Egipto lleno de la cultura y costumbres del imperio, con el fin de enseñarles a tener comunión con un solo Dios, Él, y a relacionarse correctamente con su prójimo, de tal manera que puedan ser un ejemplo de sociedad para los demás pueblos de alrededor, idólatras, injustos en sus relaciones sociales y corruptos en su moral.
Vemos que el ayuno en su origen, en Israel, tenía como propósito pedir perdón a Dios con arrepentimiento genuino, reiniciar la comunión con Dios y corregir las actitudes injustas en la sociedad. Esta ley fue una iniciativa de Dios a partir de una experiencia negativa con los hijos de Aarón, que se acercaron a la presencia de Dios ofreciendo fuego extraño y por tomar en menos la santidad de Dios, murieron (Lev. 10: 1-3 y 16:1).
En Lev. 23:26-32 se habla del mismo Día del Perdón, enfatizando que es día santo, es decir separado para Dios, buscando su perdón y se recalca que nadie debe hacer trabajo alguno ese día bajo pena de ser eliminado de su pueblo. Este énfasis era necesario porque Dios quería que el pueblo entendiera que cualquier servicio a Él debía hacerse con compromiso de corazón e involucrando toda la vida, por lo tanto no debía distraerse con otras actividades.
Los israelitas, pegados a la letra más que al espíritu de la ley, como muchos hoy, se volvieron legalistas por temor al castigo; su celo en el futuro, llevó a los fariseos a enfatizar la letra escrita y no su propósito que era la búsqueda del perdón de sus pecados. Algo más, el ayuno judío era de 6 p.m. a 6 a.m. del día siguiente, es decir ellos podían tomar sus alimentos durante el primer día y empezar el ayuno bien comidos. Una vez más, el énfasis no está en el horario, sino en el propósito del ayuno. Algunos hermanos hacen énfasis en que los ayunos deben cumplirse de 6 a.m. a 6 p.m. obligatoriamente, eso es un ejemplo de legalismo.
Desde el principio el ayuno bíblico no tuvo el propósito de cumplir los deseos del que se acerca a Dios, sino de buscar el perdón y la misericordia de Dios para evitar las consecuencias de sus pecados. Israel empezó a practicar el ayuno una vez al año. Después lo hacía sólo en momentos de crisis o alguna calamidad en el pueblo (Jer. 36:9; Joel 1:14; 2:12, 15). Después de la destrucción de Jerusalén en el año 587 a.C., ellos establecieron un día más para ayunar, el 5º mes.
Cuando los profetas vieron que el ayuno se había convertido en una práctica religiosa sin sentido porque se hacía para cumplir un rito y no como búsqueda sincera de Dios, Él los envió a denunciar su hipocresía. En diversos momentos de la vida de Israel Dios los amonestó para que corrijan esa actitud, uno muy explicativo se encuentra en Isaías 58. En ese entonces el pueblo se había cansado de ayunar por muchos años sin respuesta de Dios, entonces el profeta les dice que si siguen ayunando sin cambiar sus actitudes con Dios y su prójimo, Él no iba a responderles.
El ayuno no consiste en poner cara de luto o en castigar al cuerpo, lo que Dios les reclama es justicia y amor a su prójimo, dejar las opresiones, abusos entre ellos, tiranías del poderoso contra los pobres, ellos debían renunciar a las injusticias y opresiones de manera concreta. Pero el ayuno no sólo consiste en portarse bien, sino en dejar nuestro egoísmo, preocuparse por el pobre, el que tiene hambre, ayudar al más débil de la sociedad para tratarlo con dignidad, de tal manera que todos disfrutemos de las bendiciones de Dios, sin resentimientos ni desigualdades. Entonces y sólo entonces Dios contestará las peticiones y el clamor de su pueblo.
En el N.T. cuando Jesús se refiere a las 3 prácticas espirituales de los judíos (la limosna, la oración y el ayuno), no manda a sus discípulos que lo practiquen, tampoco que no lo hagan, él sólo se limita a corregir sus falsas prácticas, algo así como: "si vas a hacer algo para Dios, hazlo bien, sino, mejor no lo hagas". Él enseña que la limosna debe hacerse en secreto, no para recibir agradecimientos ni reconocimientos especiales. Que la oración no se haga para demostrar nuestra bondad ante otros, sino en secreto y ante Dios y de paso, en esa parte no menciona al ayuno como ayuda obligatoria de la oración.
Al hablar del ayuno dice: "Cuando ustedes ayunen...", excluyéndose de esa práctica. Sabemos que él sí oraba, pero no ayunaba y eso se percibe en Mt. 9:14 cuando a él le preguntan por qué él y sus discípulos no ayunan como todos los grupos religiosos, él les contesta que ellos están de fiesta porque están disfrutando su presencia, y nuevamente Jesús no se incluye entre los ayunadores. Los que ayunan -dice- no deben aparentar una espiritualidad especial ante los demás, lo deben hacer para Dios y sólo para Él porque es el único que puede perdonar nuestros pecados. Por eso el ayuno no demuestra necesariamente que el ayunador esta en plena comunión con el Señor, depende de su actitud sincera e íntegra con la que se acerca a Él (renunciando a sus pecados contra Dios, su prójimo y toda la creación), y de su práctica de vida con respecto a su prójimo.
La única vez que pareciera que Jesús ayuna es cuando satanás lo tienta y él va al desierto por 40 días (algunos han querido imitar literalmente a Jesús y se enfermaron o murieron. Aunque alguno resista, esa no es la enseñanza del pasaje). Allí Mateo está tratando de demostrar que Jesús es el Nuevo Moisés de Israel que ha venido a cumplir y enseñar la voluntad de Dios, corrigiendo las falsas prácticas de los líderes religiosos legalistas: es perseguido de bebé para ser asesinado, como Moisés; pasa 40 días en el desierto, como Moisés pasó 40 días en el monte para recibir las tablas de la Ley; después Jesús sube al monte para enseñar al pueblo la Nueva Ley del Reino de Dios. Es decir, Jesús es el nuevo y verdadero Moisés, superior, por supuesto, al del A.T.
Terminemos con el caso de Cornelio que nos ilustra el tema. En Hechos 10 se dice que él oraba con ayunos y daba limosnas, pero cuando el ángel se le acerca a darle la respuesta de parte de Dios, le dice que Él ha oído sus oraciones, ha visto sus limosnas, pero no menciona para nada el ayuno que realizó, ¿Por qué? Porque el ayuno no es una "varita mágica" que cambia las circunstancias. El ayuno es una actitud permanente de humildad, obediencia y fe en la búsqueda de la misericordia de Dios para perdón de nuestros pecados y estar a cuentas con Él. Eso significa que yo debo estar dispuesto a renunciar a mis egoísmos y abrir mi corazón al necesitado, al débil, al marginado, dejando mis actitudes injustas que haya hecho contra él (maltratos, insultos, indiferencias, etc).
El ayuno entonces, no es una práctica para salir de apuros, ni un compromiso de Dios para resolver nuestros problemas, sólo resuelve nuestro problema mayor, nuestra comunión con el Señor en espera de corregir radicalmente nuestras relaciones con los más desfavorecidos, de tal modo que luego, al esforzarnos por conseguir lo que deseamos (sin afectarla vida de los más débiles), recibiremos las bendiciones que Él nos ha prometido. Si estamos dispuestos a ello ayunaremos y saldremos con limpia conciencia.