MI LLEGADA
Escribo esta serie de experiencias con gratitud a Dios y a los directivos de un colegio en el cual trabajé 11 años de mi vida en diferentes locales y donde hice buenas amistades y conocí una parte de la realidad educativa peruana siendo parte de un colegio evangélico. Como en toda insttitución humana, encontré virtudes y defectos que trataré de describir lo más objetivamente posible. Como nadie posee toda la verdad aparte de Dios mismo, mis errores serán involuntarios, en todo caso será esta una visión particular de lo que vi, escuché, dije y sentí en dicha comunidad educativa y eclesial. Espero ser entendido así.
Fue en el mes de febrero del año 1999 que llegué por primera vez a un colegio Internacional Elim de Lima, que pertenecía a la Iglesia Pentecostés del Movimiento Misionero Mundial. Fue por referencia de un amigo mío y hermano en la fe que era Subdirector de un colegio estatal. Me dijo que había un colegio evangélico en Vitarte que estaba buscando profesores evangélicos de cualquier denominación, que vaya de su parte porque él había trabajado con la hermana Esther Castillo quien en ese momento era la Directora del Colegio Internacional Elim de Vitarte.
Lo único que había escuchado hasta ese entonces del MMM era que habían comprado un cine en el distrito de La Victoria, que su pastor era el Rev. Rodolfo Gonzáles Cruz y, por información directa de una hermana de mi congregación que vivía en dicho distrito y había asistido a una reunión de esa iglesia, me enteré que allí oraban por los enfermos de acuerdo a la ofrenda que se colocaba. Me sorprendió la afirmación de la hermana, pero no dije más porque mi denominación no tenía relaciones con dicha iglesia.
Al llegar al colegio entregué mi curriculum vitae a la secretaria y esperé un rato para poder hablar con la directora. Luego de unos minutos pasé a su oficina, me presenté y la conversación fue cordial, se alegró de que fuese Pastor y me dijo que sería bueno trabajar con ud. Quedamos en llamar otro día y esa vez me dijo que a ella acababan de cambiarle de Ministerio en la iglesia por lo que tendría que dejar la dirección, pero que hablaría con el nuevo director para que me tomen en cuenta.
Al cabo de unos días fui a hablar con el nuevo director, el hermano Juan Espíritu quien me dijo que conversaría con el Pastor Arturo Tardillo para ver quienes quedarían a trabajar. Cuando regresé me reuní con el director y el pastor quienes me informaron que querían que cada profesor trabaje en su especialidad, y como yo era de primaria no había vacantes ahi sino en secundaria, por lo tanto me comunicaron que no trabajaría allí. Después de dicho diálogo sólo me quedó retirar mis documentos e irme.En realidad a mí me quedó la impresión de que no me aceptaban por ser de una denominación no pentecostal, pero fue sólo una percepción subjetiva.
Como mi amigo me dijo que no habría problemas con la directora, lo llamé y le conté lo que había sucedido, él se preocupó y me dijo que llamaría a la ex-directora para hablar del asunto. Me volvió a llamar y me dijo que a ella le habían comunicado que yo había sacado mis documentos por voluntad propia, pero que la llame en ese momento porque ella iba a hablar por mi. La llamé y la hermana me confirmó lo que me dijo mi amigo, pero que como ya había hablado con el director me dijo que lleve de nuevo mis documentos.
Así lo hice y me recibieron para trabajar como profesor de Historia y Geografía en todo secundaria. Allí me quedé 7 años, pero esos años serán motivo de otros artículos. Lo que sí recordaré siempre con cariño y gratitud es el trato de la hermana Castillo y posteriormente de sus hijas, las tres sinceras siervas de Dios.
Lo que me deja en duda es la categórica afimación del nuevo director en cada prédica suya, que "todos los que trabajan en esta obra de Dios estamos aquí porque Dios lo puso, no por voluntad propia ni por recomendación personal", y como lo repetía constantemente me quedó la duda de si él mismo creía lo que afirmaba.
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