La siembra y la cosecha mal entendida
Respecto a este tema muy en boga, ahora que han salido muchos grupos neopentecostales que se dedican a pedir ofrendas a cualquier cristiano con el chiché de: "trae tu siembra para que recibas la cosecha", es necesario hacer algunas precisiones del pasaje bíblico del cual se toma esta filosofía de vida, ya que existen emisoras de este tipo en diferentes países, que se dedican exclusivamente a pedir dichas "siembras", como si el Señor les hubiera llamado a pedir dinero, y algunos los piden hasta para pagar sus gastos de emisión en la radio porque no les alcanzan sus presupuestos, a ésto llaman ellos proyectos de fe.
El pasaje preferido de los tales es II Corintios 9:6, "... el que siembra escasamente, también segará escasamente, y el que siembra generosamente, generosamente también segará".
Empecemos recordando que uno de los puntos principales del evangelio de Jesucristo es tener un corazón generoso para ayudar a los pobres como fruto de nuestra verdadera fe en Dios. Es su falta lo que descalifica al joven rico para tener comunión verdadera con Dios, por eso Jesús exclama "Cuán difícil es que un rico entre al Reino de los Cielos...". Es también lo que le reclama el Señor al rico de la parábola por lo que perdió su esperanza eterna. Por eso, cuando Jesús oye declarar públicamente a Zaqueo que va a dar la mitad de sus bienes a los pobres (aparte de la devolución a los que defraudó -eso decía la ley), exclama: "Hoy ha venido la salvación a esta casa, por cuanto él también es hijo de Abraham, es decir demuestra su fe con obras de amor a los pobres.
Cuando Pedro y Pablo se separan para dedicarse uno al ministerio con los judíos y el otro al de los gentiles, dice Pablo que una de las cosas que le recomendaron los de la circunsición, al aprobrar su ministerio, es a "acordarse de los pobres" y él afirma que es algo que procuró hacer con diligencia (Gál. 2:6-10). Estamos entonces ante una actitud no opcional, sino exigente del evangelio de Jesucristo, la ayuda a los pobres.
Ese es el tema del famoso pasaje que habla de la siembra y la cosecha, se refiere a la ayuda específica que Pablo motiva a hacer a los hermanos de Acaya viendo el ejemplo de los Macedonios quienes había dado más allá de sus fuerzas, es decir, en medio de su pobreza habían ofrendado como ricos para ayudar a sus hermanos pobres que sufrían hambre. En Romanos 15:25-27 Pablo explica a los romanos que en ese momento iba a Jerusalén llevando la ofrenda para los hermanos pobres de Jerusalén, de parte de las iglesias de Macedonia y Acaya, es decir, también de los Corintios.
En I Cor. 7:1 Pablo está respondiendo preguntas que le hicieron los Corintios anteriormente, y en el capítulo 16:1-4 del mismo libro responde acerca de las ofrendas a los hermanos pobres de Jerusalén, dando indicaciones de cómo es que deben separar estas ofrendas especiales poco a poco, cada primer día de la semana.
Ese es también el mismo tenor y sentir con el que comparte el pasaje de II Cor. 8 y 9. No es, como se enseña muy superficialmente por ahí, que debemos sembrar para cualquier propósito, cuando Pablo habla de sembrar, se refiere específicamente a ayudar a los pobres con ofrendas especiales que nacen de un corazón generoso y abierto a las necesidades de nuestro prójimo.
No se puede usar este pasaje para pedir ofrendas a diestra y siniestra, ni aunque fueran para evangelizar u otras tareas de la obra de Dios; sólo sembramos ( y tenemos la esperanza que Dios va a bendecirnos cuando lo necesitemos) cuando abrimos nuestros corazones a las necesidades de los pobres. Entonces sí cobran sentido los salmos y otros pasajes de la Biblia que nos hablan de que Dios es el defensor de los pobres, que si nos acordamos de los pobres Dios lo tomará en cuenta.
Dice Pablo después, que no hay que dar estas ofrendas por necesidad, pero cuántas veces escuchamos que los que piden ofrendas como siembra, afirman que Dios les va a devolver muchisimo más de los que dan, por lo cual insisten en dar como una forma de salir de nuestras necesidades. Eso no es más que mala interpretación de la Biblia, sin tomar en cuenta el contexto del pasaje que se explica. Será Dios quien juzgue a quienes enseñan así, pero debemos prestar mayor atención a las recomendaciones de Santiago que nos dice que la condenación será mayor para aquellos que se hacen maestros sin serlo (3:1).
1 comentario
Jose Torres -
Muy interesante explicación del tema. Insistí en buscar a alguien que no esté en esa corriente de los profetas de la prosperidad. Estoy de acuerdo contigo.
Jose