LA FE DE ABRAHAM
Cuando el libro de Santiago nos habla de la fe, su énfasis no es el mismo que el del apóstol Pablo en Romanos o Gálatas, éste busca aclarar una doctrina para las nuevas iglesias y utiliza mucho el pensamiento griego del cual estaba imbuido. Santiago en cambio, guiado por una sincera preocupación por lo que pasaba a su alrededor (desigualdad social y la actitud de los cristianos frente a ella), busca que la iglesia comprenda y viva una fe práctica, que no sólo busque su conveniencia (su salvación), sino que demuestre la verdadera fe por sus obras; para describir esta fe pone el ejemplo de Abraham.
Abraham fue el hombre a través del cual Dios formó el pueblo de Israel, al cual se le llama "El padre de la fe" y de quien Dios mismo dice, a través del profeta Isaías, que es "su amigo". Por medio de él quiso graficarnos lo que es la fe que trasciende el Antiguo Testamento y llega hasta nuestros días. Los evangélicos hemos puesto el mayor énfasis en la salvación por la fe y a veces hemos caído en un espiritualismo espúreo. Los católicos pusieron su fe en la salvación por las obras y cayeron en un activismo sin espíritu, tratemos de encontrar el equilibrio en la vida de Abraham.
Una de las cosas que resalta en la vida de este hombre de Dios es su obediencia, cada vez que el creador le manda o pide algo, él siempre obedece; no es una obediencia a regañadientes, obedece porque sabe quién es el que se lo ordena, allí es que podemos ver su fe. Cuando Dios le ordena dejar su tierra, su familia y su estabilidad, él obedece. Cuando le pide sacrificar a su hijo, Abraham sigue sus instrucciones las preguntar nada. La fe se vive, no se queda en conceptos.
Otra característica de Abraham es su gratitud. Cada vez que Dios le promete algo o que él se mete en problemas y el Señor lo libra o gana una batalla, este hombre construye un altar para agradecer a Dios por su protección, su aliento y su dirección. Además reconoce que sus riquezas vienen de Dios al darle los diezmos de su botín al sacerdote Melquisedec y rechazar los regalos del rey de Sodoma y otros más. La fe reconoce de quien vienen nuestras bendiciones y le da lo que le corresponde.
Es también Abraham un hombre generoso. Cuando se dio cuenta que Lot necesitaba un lugar más grande donde vivir le dejó escoger lo mejor de la tierra escogiendo quedarse con lo demás. Cuando llegan a su tienda los viajeros que iban de paso a Sodoma y Gomorra, él les pide que se queden para ser servidos de lo mejor que tiene. Abraham no escatima esfuerzos ni bienes para compartirlos con los demás. La fe verdadera va ligada siempre al amor al prójimo.
El amor a su familia resalta en la vida de este hombre de fe. Trata siempre a su esposa con respeto y amor, dándole el honor que ella merece y tomando las riendas del hogar. Cuando Lot se mete en problemas, Abraham ora a Dios por su libertad y va en su ayuda logrando liberarlo. Después él no pide retribución ni saca en cara los problemas de Lot, simplemente le devuelve la capacidad de seguir madurando y tomando sus decisiones sin imponerle nada. La fe fortalece el amor a la familia y la esperanza en el Señor.
La fe de Abraham le llevó a ser un hombre justo en sus negocios y pactos con otros pueblos. Un ejemplo de ello vemos cuando acuerda respetarse y ayudarse mutuamente con el rey Abimelec y su descendencia, que estaba preocupado por el futuro de su familia. Éste reconoce en primer lugar que Dios está con Abraham en todo cuanto hace, es decir, el testimonio de vida de Abraham era contínuo y una manera de identificarse como hombre de fe en Dios. Abraham cumple su palabra y sus promesas y así es reconocido en esa región. La fe verdadera no separa los negocios ni el testimonio de vida de la voluntad de Dios.
Finalmente, Abraham confía en las promesas de Dios y actúa en consecuencia. Cuando envía a su siervo para buscar esposa a su hijo tratando de ser fiel al pacto con Dios que no se uniría, ni él ni su descendencia, con mujeres que lo llevaran a adorar a otros dioses, le dice que vaya confiando en que Dios guiará su búsqueda para encontrar una esposa digna de su hijo, y si así no sucediere el siervo quedaría libre de su responsabilidad. Como sabemos, Dios bendijo esa búsqueda hasta por medio de señales. La fe es espera confiada en las promesas de Dios mientras cumplimos nuestras promesas.
No es raro entonces que cuando el A.T. y el N.T. hablan de la fe de Abraham, afirmen que cuando creyó a Dios, le fue contado por justicia. Con esta declaración, la Biblia está expresando lo que es una verdadera fe: "El creer y poner nuestra confianza en Dios no es simplemente una actitud mental y de espera pasiva en Dios, es fundamentalmente una forma de vida que cumpla con las exigencias de justicia y juicio en toda nuestra manera de vivir". Así lo manifiesta Dios mismo cuando pensando para sí, dice de Abraham: Porque yo sé que mandará á sus hijos y á su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.
Para evitar los errores de comentaristas bíblicos que sólo refieren los aspectos positivos de la vida de los personajes de la antigüedad, diremos que Abraham, tanto como Sara, demostraron también actitudes muy humanas y hasta vergonzosas si las miramos desde nuestra realidad y valores occidentales. Refiere el A.T. que Sara y luego Abraham se rieron por su incredulidad cuando el ángel les repitió que tendrían un hijo en su vejez, botaron de su casa en dos oportunidades a Agar y su hijo, mintieron para salvar su vida y aún así Dios les permitió recibir bienes y riquezas que incrementaron las que ya tenían.
Todo eso sólo nos dice que el ser humano no es perfecto, pero que en medio de su imperfección Dios, que conoce la sinceridad y el compromiso que hay en sus corazones al aceptar el desafío de vivir conforme a su voluntad, nos da la oportunidad de ser transformados en hombres y mujeres que buscan una nueva forma de vivir en sociedad, en una nueva sociedad, con nuevos valores y principios de justicia, paz, amor y esperanza.