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El Blog de Josue Fernando V. J.

REFLEXIONES BÍBLICAS

LA FE DE ABRAHAM

Cuando el libro de Santiago nos habla de la fe, su énfasis no es el mismo que el del apóstol Pablo en Romanos o Gálatas, éste busca aclarar una doctrina para las nuevas iglesias y utiliza mucho el pensamiento griego del cual estaba imbuido. Santiago en cambio, guiado por una sincera preocupación por lo que pasaba a su alrededor (desigualdad social y la actitud de los cristianos frente a ella), busca que la iglesia comprenda y viva una fe práctica, que no sólo busque su conveniencia (su salvación), sino que demuestre la verdadera fe por sus obras; para describir esta fe pone el ejemplo de Abraham.

Abraham fue el hombre a través del cual Dios formó el pueblo de Israel, al cual se le llama "El padre de la fe" y de quien Dios mismo dice, a través del profeta Isaías, que es "su amigo". Por medio de él quiso graficarnos lo que es la fe que trasciende el Antiguo Testamento y llega hasta nuestros días. Los evangélicos hemos puesto el mayor énfasis en la salvación por la fe y a veces hemos caído en un espiritualismo espúreo. Los católicos pusieron su fe en la salvación por las obras y cayeron en un activismo sin espíritu, tratemos de encontrar el equilibrio en la vida de Abraham.

Una de las cosas que resalta en la vida de este hombre de Dios es su obediencia, cada vez que el creador le manda o pide algo, él siempre obedece; no es una obediencia a regañadientes, obedece porque sabe quién es el que se lo ordena, allí es que podemos ver su fe. Cuando Dios le ordena dejar su tierra, su familia y su estabilidad, él obedece. Cuando le pide sacrificar a su hijo, Abraham sigue sus instrucciones las preguntar nada. La fe se vive, no se queda en conceptos.

Otra característica de Abraham es su gratitud. Cada vez que Dios le promete algo o que él se mete en problemas y el Señor lo libra o gana una batalla, este hombre construye un altar para agradecer a Dios por su protección, su aliento y su dirección. Además reconoce que sus riquezas vienen de Dios al darle los diezmos de su botín al sacerdote Melquisedec y rechazar los regalos del rey de Sodoma y otros más. La fe reconoce de quien vienen nuestras bendiciones y le da lo que le corresponde.

Es también Abraham un hombre generoso. Cuando se dio cuenta que Lot necesitaba un lugar más grande donde vivir le dejó escoger lo mejor de la tierra escogiendo quedarse con lo demás. Cuando llegan a su tienda los viajeros que iban de paso a Sodoma y Gomorra, él les pide que se queden para ser servidos de lo mejor que tiene. Abraham no escatima esfuerzos ni bienes para compartirlos con los demás. La fe verdadera va ligada siempre al amor al prójimo.

El amor a su familia resalta en la vida de este hombre de fe. Trata siempre a su esposa con respeto y amor, dándole el honor que ella merece y tomando las riendas del hogar. Cuando Lot se mete en problemas, Abraham ora a Dios por su libertad y va en su ayuda logrando liberarlo. Después él no pide retribución ni saca en cara los problemas de Lot, simplemente le devuelve la capacidad de seguir madurando y tomando sus decisiones sin imponerle nada. La fe fortalece el amor a la familia y la esperanza en el Señor.

La fe de Abraham le llevó a ser un hombre justo en sus negocios y pactos con otros pueblos. Un ejemplo de ello vemos cuando acuerda respetarse y ayudarse mutuamente con el rey Abimelec y su descendencia, que estaba preocupado por el futuro de su familia. Éste reconoce en primer lugar que Dios está con Abraham en todo cuanto hace, es decir, el testimonio de vida de Abraham era contínuo y una manera de identificarse como hombre de fe en Dios. Abraham cumple su palabra y sus promesas y así es reconocido en esa región. La fe verdadera no separa los negocios ni el testimonio de vida de la voluntad de Dios.

Finalmente, Abraham confía en las promesas de Dios y actúa en consecuencia. Cuando envía a su siervo para buscar esposa a su hijo tratando de ser fiel al pacto con Dios que no se uniría, ni él ni su descendencia, con mujeres que lo llevaran a adorar a otros dioses, le dice que vaya confiando en que Dios guiará su búsqueda para encontrar una esposa digna de su hijo, y si así no sucediere el siervo quedaría libre de su responsabilidad. Como sabemos, Dios bendijo esa búsqueda hasta por medio de señales. La fe es espera confiada en las promesas de Dios mientras cumplimos nuestras promesas.

No es raro entonces que cuando el A.T. y el N.T. hablan de la fe de Abraham, afirmen que cuando creyó a Dios, le fue contado por justicia. Con esta declaración, la Biblia está expresando lo que es una verdadera fe: "El creer y poner nuestra confianza en Dios no es simplemente una actitud mental y de espera pasiva en Dios, es fundamentalmente una forma de vida que cumpla con las exigencias de justicia y juicio en toda nuestra manera de vivir". Así lo manifiesta Dios mismo cuando pensando para sí, dice de Abraham: Porque yo sé que mandará á sus hijos y á su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.

Para evitar los errores de comentaristas bíblicos que sólo refieren los aspectos positivos de la vida de los personajes de la antigüedad, diremos que Abraham, tanto como Sara, demostraron también actitudes muy humanas y hasta vergonzosas si las miramos desde nuestra realidad y valores occidentales. Refiere el A.T. que Sara y luego Abraham se rieron por su incredulidad cuando el ángel les repitió que tendrían un hijo en su vejez, botaron de su casa en dos oportunidades a Agar y su hijo, mintieron para salvar su vida y aún así Dios les permitió recibir bienes y riquezas que incrementaron las que ya tenían.

Todo eso sólo nos dice que el ser humano no es perfecto, pero que en medio de su imperfección Dios, que  conoce la sinceridad y el compromiso que hay en sus corazones al aceptar el desafío de vivir conforme a su voluntad, nos da la oportunidad de ser transformados en hombres y mujeres que buscan una nueva forma de vivir en sociedad, en una nueva sociedad, con nuevos valores y principios de justicia, paz, amor y esperanza.

La siembra y la cosecha mal entendida

Respecto a este tema muy en boga, ahora que han salido muchos grupos neopentecostales que se dedican a pedir ofrendas a cualquier cristiano con el chiché de: "trae tu siembra para que recibas la cosecha", es necesario hacer algunas precisiones del pasaje bíblico del cual se toma esta filosofía de vida, ya que existen emisoras de este tipo en diferentes países, que se dedican exclusivamente a pedir dichas "siembras", como si el Señor les hubiera llamado a pedir dinero, y algunos los piden hasta para pagar sus gastos de emisión en la radio porque no les alcanzan sus presupuestos, a ésto llaman ellos proyectos de fe.

El pasaje preferido de los tales es II Corintios 9:6, "... el que siembra escasamente, también segará escasamente, y el que siembra generosamente, generosamente también segará".

Empecemos recordando que uno de los puntos principales del evangelio de Jesucristo es tener un corazón generoso para ayudar a los pobres como fruto de nuestra verdadera fe en Dios. Es su falta lo que descalifica al joven rico para tener comunión verdadera con Dios, por eso Jesús exclama "Cuán difícil es que un rico entre al Reino de los Cielos...". Es también lo que le reclama el Señor al rico de la parábola por lo que perdió su esperanza eterna. Por eso, cuando Jesús oye declarar públicamente a Zaqueo que va a dar la mitad de sus bienes a los pobres (aparte de la devolución a los que defraudó -eso decía la ley), exclama: "Hoy ha venido la salvación a esta casa, por cuanto él también es hijo de Abraham, es decir demuestra su fe con obras de amor a los pobres.

Cuando Pedro y Pablo se separan para dedicarse uno al ministerio con los judíos y el otro al de los gentiles, dice Pablo que una de las cosas que le recomendaron los de la circunsición, al aprobrar su ministerio, es a "acordarse de los pobres" y él afirma que es algo que procuró hacer con diligencia (Gál. 2:6-10). Estamos entonces ante una actitud no opcional, sino exigente del evangelio de Jesucristo, la ayuda a los pobres.

Ese es el tema del famoso pasaje que habla de la siembra y la cosecha, se refiere a la ayuda específica que Pablo motiva a hacer a los hermanos de Acaya viendo el ejemplo de los Macedonios quienes había dado más allá de sus fuerzas, es decir, en medio de su pobreza habían ofrendado como ricos para ayudar a sus hermanos pobres que sufrían hambre. En Romanos 15:25-27 Pablo explica a los romanos que en ese momento iba a Jerusalén llevando la ofrenda para los hermanos pobres de Jerusalén, de parte de las iglesias de Macedonia y Acaya, es decir, también de los Corintios.

En I Cor. 7:1 Pablo está respondiendo preguntas que le hicieron los Corintios anteriormente, y en el capítulo 16:1-4 del mismo libro responde acerca de las ofrendas a los hermanos pobres de Jerusalén, dando indicaciones de cómo es que deben separar estas ofrendas especiales poco a poco, cada primer día de la semana.

Ese es también el mismo tenor y sentir con el que comparte el pasaje de II Cor. 8 y 9. No es, como se enseña muy superficialmente por ahí, que debemos sembrar para cualquier propósito, cuando Pablo habla de sembrar, se refiere específicamente a ayudar a los pobres con ofrendas especiales que nacen de un corazón generoso y abierto a las necesidades de nuestro prójimo.

No se puede usar este pasaje para pedir ofrendas a diestra y siniestra, ni aunque fueran para evangelizar u otras tareas de la obra de Dios; sólo sembramos ( y tenemos la esperanza que Dios va a bendecirnos cuando lo necesitemos) cuando abrimos nuestros corazones a las necesidades de los pobres. Entonces sí cobran sentido los salmos y otros pasajes de la Biblia que nos hablan de que Dios es el defensor de los pobres, que si nos acordamos de los pobres Dios lo tomará en cuenta.

Dice Pablo después, que no hay que dar estas ofrendas por necesidad, pero cuántas veces escuchamos que los que piden ofrendas como siembra, afirman que Dios les va a devolver muchisimo más de los que dan, por lo cual insisten en dar como una forma de salir de nuestras necesidades. Eso no es más que mala interpretación de la Biblia, sin tomar en cuenta el contexto del pasaje que se explica. Será Dios quien juzgue a quienes enseñan así, pero debemos prestar mayor atención a las recomendaciones de Santiago que nos dice que la condenación será mayor para aquellos que se hacen maestros sin serlo (3:1).         

 

EL AYUNO Y SUS DESVIACIONES

En mi experiencia cristiana evangélica que data desde mi nacimiento en una familia de esta tradición, no escuché enseñanza sobre el ayuno bíblico hasta más o menos el año 1977 cuando mi iglesia tuvo contacto con hermanos que venían de iglesias pentecostales que tenían esta práctica permanentemente. Fue un tiempo bueno el compartir con ellos diferentes posiciones respecto a enseñanzas que recibimos y, aunque en ese tiempo yo recibía todo con avidez, me llamaba la atención algunas cosas que me parecían hasta ilógicas.

Fue así que se escuchaban cosas como que el ayuno lo volvía más espiritual al creyente, que mientras más ayunaba uno, más cerca estaba de Dios para recibir revelaciones especiales y específicas. El ayuno se volvió casi una "varita mágica" para conseguir lo que uno quisiera que Dios le dé, por ejemplo, cuando se le contaba algún problema a un hermano, te decía: "no te preocupes, eso se arregla con tres ayunos", y a mí me parecía estar escuchando al sacerdote católico cuando al confesarse mandaba a orar diez Padrenuestros y cinco Avemarías.

Cuando empecé a estudiar la Biblia me di cuenta que efectivamente, la biblia hablaba del ayuno que era una práctica del pueblo de Israel y otrros pueblos antiguos, sólo que había recibido enseñanza de la buena, pero también de la otra, por eso será mejor prestar atención a lo que dice la Biblia acerca de este tema tan importante y tan manipulado a la vez.

La primera referencia al ayuno en la Biblia la encontramos en Lev. 16:29, donde Dios establece una fecha específica (10 del 7º mes) para que Israel lo dedique al ayuno. La ley decía que éste es dedicado a Dios y que debía suspenderse todas las labores de ese día, que es una ley permanente para los israelitas, que será un día de reposo y que el propósito era recibir el perdón y limpieza de los pecados (v.30). El sacerdote tenía que ofrecer sacrificios a Dios, primero por sus propios pecados y los de su familia, después por los de los sacerdotes y luego por todo el pueblo. Este ayuno se debía celebrar una sola vez al año.

Recordemos que Israel está en el desierto y Dios está tratando de cambiar la mentalidad de su pueblo que había salido de Egipto lleno de la cultura y costumbres del imperio, con el fin de enseñarles a tener comunión con un solo Dios, Él, y a relacionarse correctamente con su prójimo, de tal manera que puedan ser un ejemplo de sociedad para los demás pueblos de alrededor, idólatras, injustos en sus relaciones sociales y corruptos en su moral.

Vemos que el ayuno en su origen, en Israel, tenía como propósito pedir perdón a Dios con arrepentimiento genuino, reiniciar la comunión con Dios y corregir las actitudes injustas en la sociedad. Esta ley fue una iniciativa de Dios a partir de una experiencia negativa con los hijos de Aarón, que se acercaron a la presencia de Dios ofreciendo fuego extraño y por tomar en menos la santidad de Dios, murieron (Lev. 10: 1-3 y 16:1).

En Lev. 23:26-32 se habla del mismo Día del Perdón, enfatizando que es día santo, es decir separado para Dios, buscando su perdón y se recalca que nadie debe hacer trabajo alguno ese día bajo pena de ser eliminado de su pueblo. Este énfasis era necesario porque Dios quería que el pueblo entendiera que cualquier servicio a Él debía hacerse con compromiso de corazón e involucrando toda la vida, por lo tanto no debía distraerse con otras actividades.

Los israelitas, pegados a la letra más que al espíritu de la ley, como muchos hoy, se volvieron legalistas por temor al castigo; su celo en el futuro, llevó a los fariseos a enfatizar la letra escrita y no su propósito que era la búsqueda del perdón de sus pecados. Algo más, el ayuno judío era de 6 p.m. a 6 a.m. del día siguiente, es decir ellos podían tomar sus alimentos durante el primer día y empezar el ayuno bien comidos. Una vez más, el énfasis no está en el horario, sino en el propósito del ayuno. Algunos hermanos hacen énfasis en que los ayunos deben cumplirse de 6 a.m. a 6 p.m. obligatoriamente, eso es un ejemplo de legalismo.

Desde el principio el ayuno bíblico no tuvo el propósito de cumplir los deseos del que se acerca a Dios, sino de buscar el perdón y la misericordia de Dios para evitar las consecuencias de sus pecados. Israel empezó a practicar el ayuno una vez al año. Después lo hacía sólo en momentos de crisis o alguna calamidad en el pueblo (Jer. 36:9; Joel 1:14; 2:12, 15). Después de la destrucción de Jerusalén en el año 587 a.C., ellos establecieron un día más para ayunar, el 5º mes.

Cuando los profetas vieron que el ayuno se había convertido en una práctica religiosa sin sentido porque se hacía para cumplir un rito y no como búsqueda sincera de Dios, Él los envió a denunciar su hipocresía. En diversos momentos de la vida de Israel Dios los amonestó para que corrijan esa actitud, uno muy explicativo se encuentra en Isaías 58. En ese entonces el pueblo se había cansado de ayunar por muchos años sin respuesta de Dios, entonces el profeta les dice que si siguen ayunando sin cambiar sus actitudes con Dios y su prójimo, Él no iba a responderles.

El ayuno no consiste en poner cara de luto o en castigar al cuerpo, lo que Dios les reclama es justicia y amor a su prójimo, dejar las opresiones, abusos entre ellos, tiranías del poderoso contra los pobres, ellos debían renunciar a las injusticias y opresiones de manera concreta. Pero el ayuno no sólo consiste en portarse bien, sino en dejar nuestro egoísmo, preocuparse por el pobre, el que tiene hambre, ayudar al más débil de la sociedad para tratarlo con dignidad, de tal manera que todos disfrutemos de las bendiciones de Dios, sin resentimientos ni desigualdades. Entonces y sólo entonces Dios contestará las peticiones y el clamor de su pueblo.

En el N.T. cuando Jesús se refiere a las 3 prácticas espirituales de los judíos (la limosna, la oración y el ayuno), no manda a sus discípulos que lo practiquen, tampoco que no lo hagan, él sólo se limita a corregir sus falsas prácticas, algo así como: "si vas a hacer algo para Dios, hazlo bien, sino, mejor no lo hagas". Él enseña que la limosna debe hacerse en secreto, no para recibir agradecimientos ni reconocimientos especiales. Que la oración no se haga para demostrar nuestra bondad ante otros, sino en secreto y ante Dios y de paso, en esa parte no menciona al ayuno como ayuda obligatoria de la oración.

Al hablar del ayuno dice: "Cuando ustedes ayunen...", excluyéndose de esa práctica. Sabemos que él sí oraba, pero no ayunaba y eso se percibe en Mt. 9:14 cuando a él le preguntan por qué él y sus discípulos no ayunan como todos los grupos religiosos, él les contesta que ellos están de fiesta porque están disfrutando su presencia, y nuevamente Jesús no se incluye entre los ayunadores. Los que ayunan -dice- no deben aparentar una espiritualidad especial ante los demás, lo deben hacer para Dios y sólo para Él porque es el único que puede perdonar nuestros pecados. Por eso el ayuno no demuestra necesariamente que el ayunador esta en plena comunión con el Señor, depende de su actitud sincera e íntegra con la que se acerca a Él (renunciando a sus pecados contra Dios, su prójimo y toda la creación), y de su práctica de vida con respecto a su prójimo.

La única vez que pareciera que Jesús ayuna es cuando satanás lo tienta y él va al desierto por 40 días (algunos han querido imitar literalmente a Jesús y se enfermaron o murieron. Aunque alguno resista, esa no es la enseñanza del pasaje). Allí Mateo está tratando de demostrar que Jesús es el Nuevo Moisés de Israel que ha venido a cumplir y enseñar la voluntad de Dios, corrigiendo las falsas prácticas de los líderes religiosos legalistas: es perseguido de bebé para ser asesinado, como Moisés; pasa 40 días en el desierto, como Moisés pasó 40 días en el monte para recibir las tablas de la Ley; después Jesús sube al monte para enseñar al pueblo la Nueva Ley del Reino de Dios. Es decir, Jesús es el nuevo y verdadero Moisés, superior, por supuesto, al del A.T.   

Terminemos con el caso de Cornelio que nos ilustra el tema. En Hechos 10 se dice que él oraba con ayunos y daba limosnas, pero cuando el ángel se le acerca a darle la respuesta de parte de Dios, le dice que Él ha oído sus oraciones, ha visto sus limosnas, pero no menciona para nada el ayuno que realizó, ¿Por qué? Porque el ayuno no es una "varita mágica" que cambia las circunstancias. El ayuno es una actitud permanente de humildad, obediencia y fe en la búsqueda de la misericordia de Dios para perdón de nuestros pecados y estar a cuentas con Él. Eso significa que yo debo estar dispuesto a renunciar a mis egoísmos y abrir mi corazón al necesitado, al débil, al marginado, dejando mis actitudes injustas que haya hecho contra él (maltratos, insultos, indiferencias, etc).

El ayuno entonces, no es una práctica para salir de apuros, ni un compromiso de Dios para resolver nuestros problemas, sólo resuelve nuestro problema mayor, nuestra comunión con el Señor en espera de corregir radicalmente nuestras relaciones con los más desfavorecidos, de tal modo que luego, al esforzarnos por conseguir lo que deseamos (sin afectarla vida de los más débiles), recibiremos las bendiciones que Él nos ha prometido. Si estamos dispuestos a ello ayunaremos y saldremos con limpia conciencia.