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El Blog de Josue Fernando V. J.

La violencia contra las mujeres debe ser combatida

http://cristianos.com/2007/03/subrayan-que-la-violencia-contra-las-mujeres-debe-ser-combatida/

Por Trinidad Vázquez

MANAGUA, 5 de marzo (ALC).-La conferencia magistral “El grito de las excluidas”, brindada por la pastora y teóloga bautista de México, Rebeca Montemayor, causó gran impacto e inquietudes entre las participantes del Primer Encuentro Regional, denominado Compromisos internacionales con los derechos humanos de las mujeres desde una perspectiva bíblica teológica, que se inauguró el lunes 26 en esta capital .

La ponencia enfocó la realidad de las mujeres, el dolor en sus cuerpos; Montemayor dijo que la violencia cada día es mas intensa en la región Mesoamericana por causa del neoliberalismo, que provoca mas pobreza y divide a la sociedad.

Citó como ejemplo que en México, el 50 por ciento de los jóvenes no tienen empleo, y la nueva generación esta naciendo hasta debajo de las cloacas. Justo en esos días las televisión mostró imágenes de una joven madre que dio a luz a una niña prematura y desnutrida debajo de una alcantarilla en México, producto de parejas de extrema pobreza que viven y crecen en esas condiciones infrahumanas.

La esperanza ante esta violencia de genero es la organización y la unidad en redes utilizando lo bueno del sistema neoliberal, dijo la conferencista, que oyó también dramáticos testimonios del sufrimiento de mujeres nicaragüenses, salvadoreñas y dominicanas.

Abilia Ruiz, lídereza del Consejo de Iglesias Evangélicas (Cepad), reaccionó ante tanta violencia hacia las mujeres en la ciudad y el campo, diciendo “nos sentimos impotentes; hasta en las iglesias nos ignoran porque se nos enseñó que tenemos que obedecer, que es un mandato de Dios. Hay que obedecer a un Dios machista, poderoso y hasta guerrero.”

Una participante de Visión Mundial, Auxiliadora Alvarado, expresó que la violencia es un dolor que todas las mujeres viven. “Ser joven es peligroso, dijo, se siente miedo al andar en las calles porque los hombres creen que somos de su propiedad y pueden decir cualquier obscenidad.”

A su turno, Isabel Estrada, lidereza católica de la costa caribeña de Nicaragua, subrayó el inmenso dolor que provoca ver que las amas de casas son cada día más contagiadas del VIH- Sida, y que su iglesia no permite el uso del preservativo. “La iglesia católica predica el amor y hace otra cosa”, expresó.

La delegada de Republica Dominicana, dijo que desde el año 2000 al 2006 se registran 911 feminicidios cometidos por ex maridos, ex novio y compañeros.

Montemayor respondió que ante esa impotencia y tanto dolor, hay que despertar y tomar conciencia con los ojos y el corazón, para reafirmar la lucha por la transformación de este sistema opresor de las mujeres, “hay que asumir compromisos para cambiar la salud en los cuerpos de las mujeres; hay que combatir la idea de que solo venimos al mundo a rendirle culto a los hombres y para eso tenemos que ser bonitas”.

Maydlyn West, del movimiento de mujeres cristianas contra la violencia, pidió no olvidar a las mujeres indígenas y negras. “Hoy ser negra también es un dolor, dijo, la joven negra no consigue empleo muy fácil, y en las zonas francas explotan a a las mujeres jóvenes y cuando llegan a los 35 años ya no son útiles, lo que causa más pobreza en los hogares.”

El mensaje central de la conferencia y el compartir, fue que las mujeres no deben de desmayar en la lucha por el respeto de sus derechos, porque la violencia no es natural.

Estructuras y rasgos psicopatológicos en la comunidad eclesial

Jorge A. León (Cuba/Argentina)

Resumen
El Dr. Jorge A. León, pionero en la psicología pastoral en América Latina, escribe un artículo en el que
aborda las estructuras y rasgos psicopatológicos en las iglesias. Parte del marco teórico ofrecido por
Sigmund Freud, y lo enriquece con su amplia experiencia en el tema al haber atendido cientos de
pacientes con esos rasgos. León muestra las herejías conscientes e inconscientes en las iglesias de hoy
destacando la importancia de la Trinidad en nuestro modo de acercarnos a Dios y el reconocimiento de
considerar a la persona en sus distintos aspectos: alma, mente y cuerpo, único modo de lograr la salud
integral.
Palabras clave: Psicopatología, herejía, inconsciente


Introducción
El objetivo de este escrito es el siguiente: he sido pastor desde el año 1950, y
psicoterapeuta desde el año 1961. Deseo mostrar, lo que a mi parecer, necesitan nuestras iglesias, en el primer decenio del siglo 21. Debemos intensificar la capacitación de nuestros pastores en Psicología Pastoral, incluyendo una muy buena introducción a la Psicopatología. En forma breve hago referencia a las estructuras y rasgos psicopatológicos que he encontrado en las 8 comunidades eclesiales que he pastoreado, y en los 1046 pacientes creyentes que he atendido. Las iglesias necesitan reconocer su herejía consciente o inconsciente, y capacitar sus líderes laicos para trabajar en equipo con los pastores ordenados, para el logro de la salud integral: Alma, mente y cuerpo.

En Junio del año 1950 recibí mi primera designación como pastor suplente aprobado de la Iglesia Metodista de Pedro Betancourt, un pueblo de la provincia de Matanzas, en Cuba; siendo aun estudiante del Seminario Evangélico de Teología de Matanzas. En esa congregación, teniendo sólo veinte años, comencé a atender casos de asesoramiento pastoral. A tres semanas de haber asumido como pastor se presentó un caso muy difícil que debía resolver. Se trataba del intento de suicidio de un miembro de mi congregación al cual le sobraban años para triplicar mi edad. El problema era gravísimo, había seis adultos involucrados, todos mayores que yo, cuatro de los cuales eran miembros de la iglesia.


En esa época de mi vida, no tenía la menor idea de que existían estructuras y rasgos psicopatológicos en la comunidad eclesial, tampoco sabía que éstas podían afectar la vida moral y espiritual de la feligresía. Me dispuse a encarar el problema, utilizando solamente los recursos de mi fe y mi profunda convicción de que Dios me había llamado a Su Santo Ministerio. Afortunadamente, todo terminó bien. Pero yo quedé marcado para siempre, gracias a Dios.


Al darme cuenta de todo lo que me faltaba por aprender para poder ayudar a otras
personas. Y, también, para no sufrir, otra vez tanta angustia; me convencí de que debía especializarme en Psicologia Pastoral. Sobre ese tema escribí mi tesis para graduarme en el Seminario de Matanzas. Y todavía continúo escribiendo.


I.- Estructuras y rasgos psicopatológicos:
Sigmund Freud clasificó a los seres humanos en tres categorías: Neuróticos, psicóticos y perversos. A su vez, cada uno de estos tres tipos de personas se clasifica en diferentes expresiones del trastorno psíquico al que pertenecen. Es decir, hay diversos tipos de neurosis, psicosis y perversiones. Según esta división, nadie sería normal. Es decir, debemos conformarnos, con tener la “suerte” de tener, sólo un nivel bajo de neurosis. Jacques Lacan, el fundador de la Escuela Francesa de Psicoanálisis, tomó del estructuralismo elementos para aplicar al psicoanálisis. Es él quien introduce en la antropología psicoanalítica el concepto de estructura. Las estructuras psíquicas, o existenciales como las llama Alain Juranville, 1. suelen madurar alrededor de los seis años de vida. Lacan clasificó las psicopatologías humanas, según el esquema freudiano, en tres estructuras.


¿Debemos aceptar que ninguna persona es totalmente normal? Una voz se ha levantado, en Francia, en el campo de la filosofía para defender la existencia de una cuarta estructura. Se trata de una persona citada más arriba, Alain Juranville, quien afirma que la sublimación es la cuarta estructura. Según este escritor francés, las estructuras existenciales son las siguientes: La neurosis, la psicosis, la perversión y la sublimación. Un psicoanalista argentino, el Dr. Roberto Harari, dictó un Seminario en Mayéutica: Institución Psicoanalítica, sobre el tema: Neurosis, psicosis, perversiones, sublimación: Estructuras, Puntuaciones 2., el cual cursé con mucho gusto. A partir de este Seminario, he llegado a la conclusión de que es posible llegar a un nivel aceptable de salud mental.


A partir de la teoría de la cuarta estructura comencé a investigar la posibilidad de
encontrar fundamentos bíblicos para una mejor comprensión de las diferencias
estructurales entre los seres humanos. El que busca encuentra, nos dice el Señor, y yo encontré que en la Parábola del Sembrador, nuestro Señor Jesucristo sugiere cuatro formas en que se puede estructurar el sujeto humano, a través de la imagen de cuatro terrenos: El del camino, el espinoso, el pedregoso, y el buen terreno. Un camino, en la Palestina en que vivió Jesús, seguramente no era más que tierra apisonada, endurecida por los que le pasaron por encima. El terreno del camino no es necesariamente improductivo. Las circunstancias lo han hecho improductivo, pero podría dar fruto si se modificaran esas circunstancias. Nos dice el Señor que el sembrador sembró a lo largo del camino, (en griego: parà tèn hodón) pero no logró que en él se produjera una sola nueva vida. (San Mateo 13:1-9; San Marcos 4:1-9; San Lucas 8:4-8). Un terreno lleno de espinos no es necesariamente un mal terreno, de hecho la semilla sembrada nació, pero la nueva vida fue criminalmente ahogada por las circunstancias adversas. Un terreno pedregoso no es necesariamente malo, las piedras pueden ser útiles para cercar el terreno. Cada cristiano tiene que aprender a convertir en escalera las piedras que la vida le coloca en su camino. La parábola nos dice que también existe el buen terreno, o más bien varios tipos de terrenos buenos, que producen fruto en cantidades
diferentes, es decir, conservan su singularidad.


Lo que deseo dejar sentado es que el propio Señor nos presenta una tipología humana, aunque no hay dos sujetos iguales, como no hay dos terrenos iguales. La siembra de la Santa Semilla debe realizarse en todos los terrenos. La pastoral cristiana debe estar orientada al servicio de todos lo seres humanos. La Semilla debe ser sembrada en todas las estructuras psíquicas, con la esperanza de que ésta nacerá, y que el Señor le dará fortaleza a la nueva vida. Él nos dice: “No son los sanos los que necesitan del médico, sino los enfermos”..... “Yo he venido a buscar y a salvar lo que se había perdido”.


Todo sujeto humano es singular y está sujetado por su dimensión inconsciente. Tiene una estructura predominante, pero también puede tener rasgos de otras estructuras. La estructura psíquica, a veces, no se manifiesta con claridad. Ante determinadas conductas uno no está seguro de encontrarse con una estructura dominante, o con un rasgo secundario. Por ejemplo, alguien puede tener una estructura psicótica y no brotarse, es decir, “no volverse loco” (como se dice comúnmente), porque no se han dado las condiciones propicias. Pero sus allegados se dan cuenta de que es una persona “rara”.


Cada ser humano, al llegar al mundo, comienza a ser “bombardeado” por las palabras de sus padres y otros seres que le demuestran afecto. Se encuentra con el “muro del lenguaje” que lo humaniza. Cada aspirante a sujeto humano cuenta, además, con un capital genético, un temperamento particular, etc. En fin, cuenta con lo que Dios ha concedido a cada recién llegado. Además de los elementos innatos y constitucionales, hay que tener en cuenta las experiencias y traumas infantiles. La combinación de factores endógenos y exógenos determinarán una disposición para actuar según cierto tipo de respuesta prefijada. Es decir, a reaccionar característicamente, por motivaciones inconscientes, ante los detonantes que se le presenten en la vida cotidiana.


¿Cómo encarar pastoralmente la estructura predominante en un feligrés?

Lamentablemente estamos acostumbrados a ver a muchos que ofrecen la “gracia barata”, o el acto milagrero, que no es más que la supresión temporal del síntoma que se presentará en poco tiempo de otra manera. ¿Estamos indefensos ante una estructura psíquica inconmovible? Decididamente no. La conversión, concebida como proceso, no como acto mágico, produce cambios reales en el creyente, pero sin grandes alteraciones en la estructura. Veamos como ejemplo el lugar donde vivo. Hoy es un edificio de departamentos, pero se le podría dar un uso diferente, haciendo varios cambios, se podría convertir en una biblioteca, un templo, un gimnasio, un centro cultural, etc. Es posible echar abajo paredes, fabricar más baños, etc. Pero, no es posible destruir las columnas que mantienen la estructura del edificio, porque éste se derrumbaría. ¿Dónde está la base bíblica? Podría alguien preguntar. Si leemos atentamente lo que la Biblia dice acerca de ciertos personajes bíblicos, a pesar de que no tenemos biografías completas, nos damos cuenta de que hombres como Pedro y Pablo mantuvieron una actitud de vida congruente con su estructura psíquica.


II.- Herejías conscientes o inconscientes:
El título de este epígrafe me lo ha sugerido el Dr. Joaquín Jeremías en un largo artículo sobre haíresis (herejía), en el Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, editado por G. Kittel, nos dice: “haíresis es usado como un término técnico cristiano en conexiones conscientes o inconscientes tanto con la filosofía griega, como con sectas judías”.3.


Un diccionario común define a haíresis como “lo escogido en forma de pensamiento
y/o acción”. 4. En otras palabras, la herejía consiste en el acto de tomar una parte como si fuera el todo. La haíresis aparece cuando se escoge una parte de la verdad bíblica, enfatizándola de tal manera, que se ignoran aspectos fundamentales de la revelación divina.


La herejía reina en nuestro mundo posmoderno y, por lo general, los que la padecen se suelen acusar mutuamente, sin aceptar la parte que le toca a cada uno.


Existen muchas formas de herejía. Vamos a considerar, brevemente, sólo tres de las maneras de ser hereje consciente o inconscientemente. 1.- La herejía espiritualista, 2.- La materialista y 3.- La psicologista. He escogido estas tres porque muchas veces son totalmente inconscientes; pero que tienen que ver directamente con el ser de Dios y nuestro propio ser. Para los cristianos hay un solo Dios que se expresa como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo. El ser humano que ha sido creado a su imagen y semejanza, también es uno, pero se expresa en tres maneras diferentes como alma, como mente y como cuerpo. Cada una de estas expresiones de nuestra humanidad pueden ser convertidas en herejía. Esto ocurre cuando alguno de estos aspectos de nuestro ser es magnificado de tal manera que, al estar encerrados en una parte de la verdad, no es posible ver el resto.


III.- Mi experiencia como psicoterapeuta cristiano con relación a las
psicopatologías en las instituciones eclesiásticas.


Lamentablemente no existen estadísticas, ni estudios psicológicos institucionales sobre las comunidades religiosas. Me remito a mi experiencia personal en Argentina, porque de Cuba tengo muy poco material escrito. Aunque conservo recuerdos de algunos casos, pero no tengo historias clínicas para poder analizar situaciones concretas. Tomo, pues, mi consultorio psicoanalítico, en Buenos Aires, como una especie de “boca de urna” para la realización de este breve análisis de las estructuras y los rasgos psicopatológicos en la comunidad eclesial.

Antes de continuar en el desarrollo de este epígrafe debo aclarar que no pretendo hacer un estudio exhaustivo del tema que nos ocupa. Me conformo con presentar algunas situaciones concretas para inquietar y estimular a los que me escuchen para que expresen sus ideas en los grupos de reflexión que tendremos inmediatamente después de mi exposición. Esperamos que cada grupo traiga sus conclusiones, por escrito, para reflexionar sobre ellas, hasta donde nos alcance el tiempo, en una reunión plenaria.

He encontrado varios niveles de psicopatología en el mundo de la Iglesia: 1.- El más evidente es el que muestran algunos sujetos que pertenecen a la comunidad local, 2.- en la “personalidad” de algunas congregaciones sometidas a líderes que predican lo que no practican, 3.- en las estructuras de algunas instituciones eclesiásticas que facilitan el mal uso del poder para maltratar, tanto a los pastores como a la feligresía. En la mayoría de los casos se trata de patologías inconscientes disfrazadas de espiritualidad. Frecuentemente, no se trata de falta de “consagración”, ni de oración, ni de lectura de la Biblia; lo que suele faltar es un adecuado nivel de salud mental. No voy a profundizar en estas consideraciones porque no contamos con tiempo suficiente en esta Consulta. Si las circunstancias me lo permiten, algún día escribiré un libro haciendo un exhaustivo estudio de las situaciones que acabo de mencionar. El propósito de dicho libro sería presentar un vibrante mensaje profético desde la Psicología Pastoral.


En Argentina he atendido a 1048 personas que, como “boca de urna”, nos ofrece una excelente muestra de las situaciones que se viven dentro de las comunidades
eclesiásticas. De esta cantidad de personas atendidas en más de 30 años, el 78%
pertenece a comunidades de fe que están agrupadas en tres grandes mega estruc turas eclesiásticas: Faie, Aciera y Fecep. El 22% restante no pertenece a estas agrupaciones; son católicos, adventistas, judíos, mormones, dos se declararon ateos, uno testigo de Jehová y otro budista. Conozco las instituciones a las que estas personas pertenecen por sus propios relatos y sus propios sufrimientos dentro de ellas. He podido obtener muchas informaciones que sólo es posible lograr cuando un paciente confía en su psicoterapeuta, y se siente amparado por el secreto profesional. Aquí hay mucho material para desarrollar una pastoral profética que pueda armonizar el amor con la justicia, para sanar la iglesia para que pueda mostrar una mejor cara al mundo al cual Jesús nos envía a proclamar su evangelio. Pero, sobre todo, que sirva para evitar que muchos buenos creyentes continúen apartándose de la iglesia para buscar una espiritualidad, que consideran más auténtica, fuera de ella. Ese es el caso de muchas personas que durante años fueron fieles miembros de iglesias evangélicas y que ahora se han apartado. Algunos de ellos han retornado a la Iglesia Católica Apostólica Romana, la cual abandonaron una vez por considerar que no era evangélica. He atendido pacientes que descubrieron que la iglesia llamada evangélica a la que pertenecieron no hacía honor a su nombre. Algunos también descubrieron que la Iglesia Católica que ellos abandonaron en el pasado, no es la misma que existe en el presente. Casi todos los pacientes, especialmente los pastores, se quejaban del abuso de poder que se ejercía sobre ellos. Algunos que los hacían sufrir eran ciertos dirigentes de la congregación local; en otros casos, la queja se orientaba hacia las estructuras de poder de la institución eclesiástica a la que pertenecen. Si bien las estructuras eclesiásticas de las denominaciones suelen ser diferentes entre sí, he encontrado coincidencia en una queja, la del mal uso del poder por los dirigentes de las estructuras eclesiásticas Es bueno recordar la cita, de otro autor, que hace Leonardo Boff, en su libro: Iglesia, Carisma y Poder: “El poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente”.


Alguien podría preguntarme, ¿por qué te has quedado en una iglesia tan enferma?
Tengo varias respuestas para esa pregunta. He aquí la primera; continúo en la Iglesia porque estoy convencido que el Señor me ha llamado a su santo ministerio para cumplir una misión en el momento histórico que nos ha tocado vivir. La segunda, es porque estoy convencido de que cada cristiano está llamado a ejercer el ministerio cristiano del amor y del servicio y que debo predicar este concepto y ayudar a la capacitación del pueblo de Dios para el logro de una amplia pastoral colegiada, es decir, compartida entre ministros ordenados y dirigentes laicos. Debo aclarar que este concepto me ha traído unas cuantas dificultades, pero también victorias. Al llegar a la Argentina procedente de Francia, vine con dos manuscritos de sendos libros, con la intención de publicarlos en Buenos Aires. Uno lo había escrito originalmente en Cuba en el año 1963 para mis alumnos del Seminario Evangélico de Teología de Matanzas; el otro era la tesis con la cual obtuve mi doctorado en Teología, en Montpellier. La segunda obra no tuvo problemas para ser publicada, apareció con el título de Teología de la Unidad, formando parte de la Colección de Estudios Teológicos. La segunda fue rechazada por la editorial evangélica a la cual la presenté. Entre las razones que me dio la Casa Editora para rechazar, la que yo creía, y sigo creyendo que es mi mejor obra, estaba su título:
Psicología pastoral para todos los cristianos. Conservo la carta donde se me dijo que la pastoral era cuestión de los ministros ordenados, que no era para todos los cristianos. Como caribeño, tengo la cabeza dura, y en el año 1971 publiqué la obra por mi cuenta. Como final de la tensión entre la institución eclesiástica y el autor, aparece el siguiente resultado: Del libro Teología de la Unidad apareció una edición; la cual está agotada1. Por el contrario, el libro rechazado todavía está en vigencia. En las librerías está disponible la 12ª edición corregida y aumentada. 6. Mi tercera razón para seguir militando dentro de la Iglesia es porque, aunque reconozco que está enferma, estoy convencido de que ella es la única “enfermera” que le queda a la humanidad. Debo aclarar que no critico al cristianismo como movimiento espiritual, sino a ciertas estructuras de poder que dañan a la Iglesia.


IV.- Mi experiencia como pastor de ocho congregaciones. He sido pastor de ocho congregaciones metodistas, tres en Cuba y cinco en Argentina. En todas he tenido el placer de compartir mi fe, mi predicación, mi asesoramiento pastoral, etc., con hermanos que han sido muy cálidos con mi familia y conmigo. Encontré en casi todos los hermanos una indiscutible fidelidad a Jesucristo. Al arribar a la Argentina, en 1967, sólo conocíamos, personalmente, a cuatro ciudadanos argentinos, dos laicos y dos pastores que encontramos en congresos internacionales. Nosotros no teníamos familiares en este país, las congregaciones locales fueron, y son, nuestra familia. Pero, en todas estas congregaciones también encontramos, como en todas partes, personas sanas y enfermas.

En las ocho congregaciones que he tenido el privilegio de pastorear, también me he encontrado muchos seres humanos con estructuras y rasgos psicopatológicos como parte de la feligresía. Siempre he tratado de ayudar hasta donde es posible dentro del encuadre pastoral. De las ocho congregaciones en seis he encontrado personas en los cuales pude detectar estructuras psicóticas y en las ocho los encontré con rasgos psicóticos. En una congregación pude detectar seis miembros de la comunidad de fe, que algunos consideraban “raros”, o difíciles de tratar. En mi opinión eran psicóticos compensados, aunque algunos con el tiempo, llegaron a “brotarse” y necesitaron internación psiquiátrica. Me alegro mucho que en esta Consulta alguien va a dirigir un taller sobre: Pastoral del paciente psicótico y su familia, tendré mucho gusto en participar.

Neuróticos somos muchos, gracias a Dios. Tomemos esto como un chiste, porque algunas neurosis graves no tienen nada de chistoso. Creo que el grupo de neuróticos es mayoritario en las congregaciones evangélicas. Aunque también hay perversos que son los más peligrosos, algunos los llaman personalidades psicopáticas, otros psicópatas, etc. ¿Por qué? Por varias razones: 1.- Porque, generalmente, no tienen sentimientos de culpa, 2.- Porque no se adaptan al principio de realidad, no están dispuestos a postergar la satisfacción de sus necesidades; por lo tanto hacen cualquier cosa, sin escrúpulo alguno. 3- Se disfrazan con una máscara de falsa espiritualidad, y cuesta distinguir la persona del personaje. 4.- Son incapaces de aprender por medio de la experiencia. 5.- Carecen de tolerancia ante la ansiedad y la frustración, 6.- No establecen vínculos
afectivos profundos. A veces fingen amistad y “hermandad” para sacar provecho de los demás, etc.


En la iglesia, se ha escrito bastante, aunque no lo suficiente, sobre los perversos o
psicópatas. Recomiendo dos libros que pueden ampliar el panorama de las personas interesadas. El primero es del autor noruego Edín Lôvas, se titula: Dictadores espirituales, El abuso del poder en la Iglesia. 6. Lövas diagnostica a los que abusan del poder en la Iglesia como psicópatas. En una nota al pie, el traductor afirma: "El autor utiliza los conceptos de psicópata y dictador espiritual como sinónimos para describir a este tipo de persona". 7. Al comienzo de su obra Lövas dice: "Después de trabajar cuarenta años como guía espiritual, me atemorizan los enormes sufrimientos que causan los dictadores espirituales a personas, grupos y congregaciones cristianas. Al mismo tiempo, me causa consternación el hecho de que rara vez se habla con claridad acerca de esto, aún entre los cristianos y los especialistas en el campo". 8. No voy a intentar resumir el libro. Me voy a limitar a reproducir un párrafo del prefacio y a enumerar los títulos de los capítulos: "Para el dictador espiritual, el ansia de poder ha llegado a ser un vicio, del modo que el alcohol lo es para el alcohólico o el robo lo es para el cleptómano". 9. La introducción lleva por título: Acerca de algo aterrador. El primer capítulo: ¿Qué es lo esencial en los sentimientos del dictador espiritual?. El segundo: Aman ser el centro de atención. El tercero: Están siempre alerta para el
combate. El cuarto: El sentimiento de culpa es su arma principal. Quinto: Rompen a los demás la confianza en sí mismos. Sexto: No comprenden las necesidades de los demás. Séptimo: Tienen una gran necesidad de estímulo. Octavo: Ponen exigencias exageradas. Noveno: Engañan a la mayoría. Décimo: Aman los sistemas jerárquicos. Undécimo: Son casi bienvenidos en los medios cristianos. Duodécimo: Atacan a los débiles. Decimotercero: Han ido muy lejos en su ansia de poder. Decimocuarto: El peligro de utilizar el concepto de dictador espiritual. Decimoquinto: No cuentes con una mejoría. Decimosexto: Cuando son desenmascarados. Décimoséptimo: Rompe todo contacto con ellos. Ultimo capítulo: ¿Cuál será su juicio? ¿Tienen algún valor como personas?. La obra de Lövas apareció en Oslo en el año 1987. La versión castellana en Barcelona en el año 1991. Me voy a limitar a citar el otro libro que he mencionado, vale la pena que el lector interesado lo procure. Son dos autores norteamericanos David Johson y Jeff
Van Vonderen que han escrito un libro titulado: El poder sutil del abuso espiritual,
como subtítulo dice: Cómo reconocer la manipulación y falsa autoridad espiritual que hay dentro de la iglesia y escapar de ellas. 10.


V.- Conclusiones y preguntas
1.- Los cristianos somos monoteístas, pero creemos que Dios, siendo uno, se
manifiesta de tres maneras diferentes; como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo. También creemos que el ser humano ha sido creado por Dios a su imagen y semejanza, según el testimonio de las Sagradas Escrituras. Por lo tanto, siendo uno, también debe expresarse en tres distintas formas; como Alma, como Mente y como Cuerpo. Estos tres aspectos fundamentales de la vida humana deben ser adecuadamente conocidos y cultivados a fin de lograr la salud integral.

2.- Hay creyentes que piensan que los demás deben pensar y sentir como ellos; creen que los que sienten o piensen diferente deben ser semejantes a ellos, que “representan la ortodoxia”. De ahí las diferencias que se presentan para lograr relaciones interpersonales pacíficas y fraternales en la vida congregacional. La problemática no es tan sencilla. Es necesario darse cuenta de que además de las estructuras subjetivas existen otras que también nos condicionan, las estructuras familiares, las denominacionales, las sociales, las económicas, etc. Las diferencias estructurales crean tensiones tanto dentro como fuera de la Iglesia. Espero que los grupos de reflexión encuentren respuesta a la s siguientes preguntas:


a) ¿Cómo podemos ejercitarnos para “pensar y dejar pensar”, como expresó Juan
Wesley en el siglo 18?
b) ¿Cómo podemos ser menos rígidos en nuestras opiniones, para aceptar que un
hermano que piensa diferente puede tener razón?
c) ¿Cómo podemos mantener el amor fraternal entre creyentes que sostienen ideas
diferentes?
d) ¿Cómo darse cuenta de que nadie, excepto Dios, tiene el monopolio de la
verdad? (Hechos 14:6) ¿Cómo podemos aceptar que las opiniones de otros
hermanos son tan respetables como las nuestras? Recordemos que la episteme
(el saber absoluto es sólo uno, que pertenece a Dios), pero las doxas,
(opiniones, doctrinas son muchas y, pertenecen a los seres humanos).


3.- Hemos visto la cita del teólogo Joaquín Jeremías donde se nos indica que la herejía (haíresis) puede ser consciente o inconsciente. Por eso, hay personas que afirman creer en toda la Biblia pero, en realidad, sólo creen de ella algunas cosas, otras no. Son fieles a la Palabra de Dios en forma parcial. (Aclaro que debemo s distinguir entre la Palabra de Dios y la cultura en que ésta nos llega envuelta). Esta visión parcial de la Deidad, (haíresis), muchas veces, se aplica también al ser humano, creado a Su imagen y semejanza. Consciente o inconscientemente tratan al ser humano como si fuera solamente una máquina biológica, un ente espiritual o puro psiquismo. Muchas personas que caen en este reduccionismo, (haíresis), negarían con insistencia que ellos sólo creen en una de las manifestaciones de Dios o del ser humano. Cuando Freud se refirió a la negación como mecanismo inconsciente de defensa, afirmó que la negación insistente representa una afirmación inconsciente. Estas son sus palabras en el artículo publicado en 1925 titulado: La negación: "O bien: ’Usted pregunta quién puede ser la persona del sueño. Mi madre no es’. Nosotros rectificamos: Entonces es su madre". 11. Más adelante añade "La negación es un modo de tomar conciencia de lo reprimido..."
12. Al final de este trabajo nos dice algo que podríamos aplicárselo a él mismo, quien, aparte de su autoanálisis, jamás fue psicoanalizado: "No hay mejor prueba de que se ha logrado descubrir lo inconsciente que esta frase del analizado, pronunciada como reacción: ’No me parece’ o ’No (nunca) se me ha pasado por la cabeza". 13


El mecanismo inconsciente de negación nos permite tres maneras de ser hereje, aunque el sujeto que sufre este trastorno, lo niegue conscientemente con insistencia: El materialista, el espiritualista y el psicologista. El Dios cristiano es Trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y el ser humano pleno es Alma, Mente y Cuerpo. Veamos algunas preguntas para la reflexión en grupos:

a) ¿Cómo hacer consciente la realidad de que podemos sufrir de háiresis,
(herejía) en el ámbito inconsciente?
b) ¿Qué hacer con los conceptos, mal aprendidos, de un Dios persecutorio
y cruel, creado a partir de protofantasías infantiles sobre actitudes de
nuestro padre, o nuestra madre, a quien no podemos amar porque le
tenemos miedo?
c) ¿Cómo hacerse “ateo” a los “dioses” que no existen más que en nuestro
psiquismo, para poder creer en el Dios revelado por Jesucristo en la
Parábola del Hijo Pródigo?


4.- Veamos ahora algunas preguntas sobre los epígrafes III y IV:


a) ¿Qué opinión les merece las experiencias del autor tanto en su rol como
pastor como en el de psicoterapeuta?
b) Vale la pena considerar su experiencia como “boca de urna”? Si esta
muestra no vale, ¿qué método sugieren para investigar acerca del nivel de salud
mental de nuestras congregaciones, de nuestras denominaciones y de sus
dirigentes?


5.- Una conclusión final. En el año 1950 me quedé atónito ante un enorme problema pastoral que escapaba a mis posibilidades de encontrarle solución, pero que marcó mi vida para siempre. Hoy, en el año 2004, nos ha tocado vivir en un momento histórico muy complejo, con dificultades que se manifiestan en todos los países, y que parecen imposibles de solucionar. Este es el mundo en que se inserta la iglesia, participando de la misma problemática. Es evidente la necesidad de incrementar, además de otras acciones, la capacitación en Psicología Pastoral, de los pastores, y de los líderes laicos de las comunidades eclesiales. La magnitud de los problemas a encarar hace necesaria una pastoral colegiada, en la que trabajen en equipo pastores ordenados y dirigentes laicos. La Iglesia debe proveer la adecuada capacitación de sus dirigentes laicos para incrementar el trabajo pastoral en nuestras comunidades eclesiales.


Hay una pregunta que se hace indispensable para los grupos de reflexión: ¿Qué
deberíamos hacer para lograr una mejor capacitación de nuestros pastores y nuestras congregaciones a fin de encarar una pastoral adecuada a los tiempos en que vivimos?


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CITAS BIBLIOGRÁFICAS
1.- A.,Juranville, Lacan et la philosophie, Presses Universitaires de France, Paris, 1984, pp. 276-286.
2.- R., Harari, Seminario: Neurosis, psicosis, perversión, sublimación: Estructuras y puntuaciones, Mayéutica Institución Psicoanalítica, edición fotocopiada sólo para los participantes del Seminario, Buenos Aires, 1988.
3.- J. Jeremías, “haíresis” (herejía) en Gerhard Kittel ed., Theological Dictionary of the New Testament, Wm. B. Eerdmans Publishing House, Grand Rapids-Londres, 1966, vol. 1, p. 182.
4.- Thayer’s Greek-English Lexicon of the New Testament, Zondervan Publishing House, Grand Rapids, Michigan, 1966, p. 16.
5.- J. A. León, Psicología pastoral para todos los cristianos, corregida y aumentada, con prefacio del Dr. René Padilla, 12ª edición, Ediciones Kairós, Buenos Aires, 2000.
6.- E. Lövas, Dictadores espirituales, El abuso de poder en la Iglesia, Libros Clie. Barcelona, 1981
7.- Ibid., p. 13.
8.- Ibid., p. 11.
9.- Ibid., p. 7.
10-.-D. Johson y J. Van Vonderen, El poder sutil del abuso espiritual. (Cómo conocer la manipulación y falsa autoridad espiritual que hay dentro de la iglesia y escapar de ellas), Editorial Unilit, Miami, 1995.
11. - S. Freud, Obras completas, Amorrortu Editores, Vol. 19, Buenos Aires, La negación, Vol.19, p. 253.
12.- Ibid, p. 253.
13.- Ibid, p. 257.


El presente artículo fue enviado por su autor para su inclusión en Teología y cultura.
© 2005 Jorge A. León. El autor es Bachiller en Teología (Seminario Evangélico de Teología, Matanzas,
Cuba), doctor en Filosofía, especialización en Psicología (Universidad de La Habana, Cuba) doctor en
Teología (Faculté de théologie Protestante, Montpellier, Francia) posgrado en Psicoanálisis (Universidad
Argentina John F. Kennedy). Pastor de la Iglesia Evangélica Metodista desde Junio de 1950. Ex-rector
del Seminario de Matanzas, autor de varios libros de Psicología Pastoral, director del Programa
Permanente de Psicología Pastoral, y la web Psicopastoral: www.cristianet.com/psicopastoral
E-mail: jorgealeon@ciudad.com.ar

En el Internacional Elim de Pando

Llegué al colegio de Pando una mañana del mes de enero del 2006 tomando como referencia la persona del Director xxxxx, quien había hablado de mi con la Directora Rosa Zumaeta. Ella me dio la bienvenida y me dijo que podía empezar dando clases de nivelación por dos meses. Me resultó agradable el ambiente de trabajo y los niños con quienes trabajé esos meses.

Me dieron la tutoría del aula de 4º Grado de Primaria que tenía 16 alumnos matriculados. Recuerdo que la infraestructura no había sido construida para un plantel escolar, sino para una fábrica de tejidos, por ese motivo las aulas eran pequeñas, pero se trabajaba bien. Sólo había un aula por grado.

Antes de iniciar las clases se estilaba entre los profesores rendir un examen de conocimientos generales y pedagógicos. La idea que nos compartían era que esa prueba era sólo para conocer el nivel de los profesores y desarrollar posteriormente capacitaciones, pero que no tenía ingerencia en el contrato de trabajo que ya a todos nos había confirmado.

El resultado de los exámenes no se dio a conocer oficialmente, pero de fuentes extraoficiales me enteré que yo había quedado entre los tres primeros lugares. El trabajo se inició y es ahí donde se empieza a ver el nivel de relaciones que se propone como institución educativa cristiana.

Me fui dando cuenta que el ambiente de trabajo docente era muy restrictivo en comparación con otros colegios de la misma institución. La directora era vista por las demás colegas (la mayoría eran mujeres) como de una mujer rígida, estricta y de mal carácter. Algunas colegas manifestaban temor ante su presencia. A mi me pareció haber vuelto a mis tiempos de estudiante primario, cuando los directores y profesores, en su afán por ser respetados por los alumnos, trataban de que se les tenga temor.

Diría que había un espionaje oculto de las actitudes de cada profesor, especialmente sobre las relaciones sociales que mantenía con sus colegas femeniles. Yo, como tenía imagen de Pastor -aunque de otra congregación evangélica hermana- no me hacía problemas por ello. Trataba con cada una de manera natural.

Me hice amigo de varias de ellas, de tal manera que tomamos mayor confianza. Pero hasta las risas amicales se veían como algo extraño a su doctrina. Pero como actuaba con transparencia y limpia conciencia, no tenía por qué sentirme mal. Eso sí, respetaba sus normas aunque no estaba de acuerdo con varias de ellas.

Con el tiempo me di cuenta que mientras más se restringen las libertades, más se propenden a desarrollar los chismes y murmuraciones, ciertas o no. Esto precisamente pasaba en el colegio y fue creando un ambiente no deseado.

Eso sí, me daban la oportunidad de predicar en los devocionales y de desarrollar mi trabajo con alumnos y padres de familia con naturalidad y alegría. Creo que por lo general me llevaba muy bien con los padres de los alumnos y tenía oportunidad de aconsejar pastoralmente a muchos de ellos, así como a sus hijos.

El segundo año de trabajo en Pando me dieron la tutoría del aula de 3º de secundaria ya que empecé a enseñar Lenguaje y Literatura. Eran chicos y chicas con un espíritu rebelde, algunos con causa y otros sin ella. Como todo adolescente, tenían sus críticas a las normas más restrictivas del colegio y las actitudes de ciertas profesoras que trataban de pasar por rígidas.

Como casi en todo lugar me llevé bien con los adolescentes, aunque no fue tan sencillo ya que algunos siempre quieren dárselas de más "vivos". Seguramente se me pasaron varias cosas, pero creo que me gané la confianza de muchos que empezaron a contarme sus problemas personales y familiares y hasta ahora se comunican conmigo a través de las redes sociales y otros medios.

Otra característica de este colegio era que al llegar su aniversario se desarrollaban actividades especiales, pero lo resaltante era que todas las aulas entraban en una vorágine de competencia, que a mí no me parecía muy adecuado. Cumplí con lo tenía que hacer, pero sin la presión de tratar de ganar al otro compañero.

Algo que me llamó la atención fue que la promoción de 5º de secundaria, a quienes enseñaba sólo 3 horas a la semana, me pidió ser su padrino de promoción, a pesar de ya tener uno que era pastor principal del movimiento. Les dije con sinceridad que me alagaba mucho la nominación, pero que no tenía los recursos para poder compartir con ellos un regalo decente. 

Me dijeron que no me preocupara por eso porque lo que a ellos les interesaba era que alguien que los comprendía los acompañara en esa ceremonia. Y así fue, salí como padrino de ellos y me dio mucho gusto sentir su afecto, así como ellos el mío.

 

 

Tomando conciencia del Evangelio de Jesucristo

Cuando empecé a tomar conciencia de las costumbres y tradiciones que había en mi familia, me di cuenta que formaba parte de una familia evangélica practicante en la que había nacido y dentro de una iglesia protestante, heredera de las iglesias historicas de Europa. 

Asistíamos inquebrantablemente a la Escuela Dominical de la Iglesia Evangélica Peruana en Magdalena, Lima, Perú, cada domingo en la mañana donde mis padres estaban comprometidos con el trabajo que la congregación desarrollaba. Yo y mis hermanos nos acostumbramos, tanto en la casa como en el templo, a cantar coros espirituales e himnos traidos de otras latitudes y que exponían las doctrinas y prácticas de nuestra iglesia. 

No eran pocas, la Iglesia Evangélica Peruana se había extendido principalmente por el centro y sur de nuestra patria y había formado congregaciones de 50 o 100 miembros en la Costa, Sierra y posteriormente Selva del país. Nos acostumbramos a participar de las famosas Convenciones en diferentes puntos del Perú, aunque, valgan verdades, a mis hermanos y a mí, eso no nos hacía mucha diferencia, en realidad sólo teníamos costumbres religiosas diferentes de las de nuestros amigos de barrio o colegio.

Recuerdo que en el colegio me sentía raro al compararme con los demás que eran herederos de una fe católica que ni ellos ni yo entendíamos. Ibamos a la parroquia pero yo no participaba. Mi madre me decía que me podía persignar como los demás como para respetar las actividades programadas, que no había problema con eso porque no nos afectaba, pero que teníamos otra forma de acercarnos a Dios.

Al terminar la primaria pasé a otro colegio y todos me decían que sería muy diferente. Eran muchos profesores, más cursos y muchachos grandes y a veces con malas costumbres. Entré a la secundaria entendí que lo que me habían dicho no era mentira. No era yo de hacer muchos amigos, más bien pocos, pero me gustaba andar con ellos de regreso a la casa. Fue con ellos que aprendí a usar mis primeras palabras soeces para tratar a los demás, pero como en mi casa no se hablaba así, me cuidaba de no hacerlo frente a mi familia.

Lamentablemente aprendí también a "tirarme la pera", es decir, llegar al colegio y e vez de entrar, irme con algunos amigos al cine o a algún parque lejano para pasar el tiempo jugando, bromeando y conversando de todo un poco. Allí también fumé mis primeros cigarros, principalmente para no desentonar con la costumbre de los demás; a esa edad ningún adolescente quiere parecer raro para que no lo tomen como "punto".

Los estudios iban regular, no destacaba, pero tampoco estaba entre los últimos, mis padres no se preocupaban mucho porque me veían que tenía un carácter tranquilo y al parecer sano. Mi hermano Samuel, que también estaba en el mismo colegio, más adelantado que yo, me contaba que tenía amigos que fumaban marihuana y eran más "superados". Él mismo, lo supe después, fumaba con ellos y me contaba sus historias.

Como al medio año, alguien llevó marihuana al colegio y cuando no entrábamos a estudiar nos íbamos a vagar. Fue allí cuando por primera vez me invitaron a probarla; yo dije que no porque tenía el temor de no saber controlarme y empezar a hacer cosas incoherentes que después mis padres se darían cuenta. Ese año no lo fumé, aunque muchos de mis amigos sí lo hacían.

El siguiente año, no me acuerdo exactamente por qué ni en qué circunstancias, pero me animé a probar la droga... y me gustó la experiencia. Ahora formaba parte de los "superados" que escuchaba música rock, hablaba con un acento especial, se vestían a la moda extranjera, caminaba alzando los talones y tenía amigos de otro nivel social. A diferencia de los "achorados" que escuchaban música "chicha", se vestían como ladrones, llevaban "chavetas" afiladas y su vocabulario era el de los lumpen.

Los dos grupos como que se soportaban en el colegio, aunque si uno de cualquier grupo buscaba bronca a otro del grupo adverso, seguro que a la salida había enfrentamiento de bandas. Yo me mantenía entre los pacíficos para evitar problemas a mis padres o expulsiones en el colegio. Aunque alguna vez sí me enfrenté a uno de los achorados, pero no fue algo que pasó a mayores.

A partir de ese año la marihuana se hizo más accesible a nosotros y en cada fiesta o reunión de amigos ella era la invitada imprescindible. Andábamos para todos lados con mi amigo Juan Tataje, un flaco alto, cara larga, hablador hasta los codos y a quien mi padre le puso como chapa "roba focos". Fue una pena muy grande cuando me enteré que él quedó afectado de la cabeza porque se drogaba sin alimentarse bien, además de otros problemas familiares.

En el barrio y en el colegio se conocían nuestros vicios, pero en mi casa sólo se llegaron a enterar cuando yo mismo les conté años después de que había salido de todo eso. Lo único que se enteraron mis padres fue de una vez que estaba en 4º de secundaria y el profesor que tocaba no había llegado, entonces todos hacían lo que querían porque los auxiliares no se abastecían para tantos alumnos.

Viendo que no habían autoridades, la puerta estaba cerrada y los ventanales inmensos estaban abiertos pero no se veía desde afuera, me animé a prender un cigarrillo, haciéndome el atrevido. En el momento que estoy dando la primera pitada y apagando el palito de fósforo, entra el auxiliar y me mira de frente.

-Vivanco, a la Dirección-

No había explicación que valga. Me pescaron in fraganti. Llamaron a mis padres, le contaron todo, me suspendieron algunos días y en mi casa mi querido padre, sorprendido sobremanera por mi actitud, me dio un sermón delante de toda la familia, luego del cual recibí unos chicotazos en el poto para olvidar el vicio. Sólo que no fue suficiente. Mis padres ni se imaginaban en qué andaba su pequeño Ochito.

Resulta que en los años posteriores, en vez de reflexionar en mi futuro, el vicio se hizo más necesario. Ahora me había contactado con otros muchachos de otros distritos de Lima, con mucho más recorrido en las drogas. Llegué a fumar marihuana peruana, colombiana y africana, hachís, las llamadas "pepas" de diferentes colores, sabores y tamaños, y cocaína mezclada con marihuana, los llamados mixtos.

Cuando llegó el momento de experimentar con las jeringas, como hacían otros amigos, dije que no. Sabía que si entraba en ese otro mundo de la adicción profunda, no podría salir. Además el temor de conocer el evangelio sabiendo que era malo lo que hacía y me daba mala conciencia, junto con la lectura de libros de ex adictos, me ayudaron a no pasarme de la línea.

Hasta en la iglesia a donde iba encontré algunos chicos que también estaban experimentando con las drogas, pero en ese tiempo no contábamos con algún joven o adulto que comprendiera las preocupaciones e inquietudes de los adolescentes, o era que lo ocultábamos tan bien que nadie nos habló directamente del tema.

Toda mi secundaria la pasé estudiando en medio de cigarros y drogas que sabía solapar muy bien cuando llegaba a casa. A veces también tomaba trago corto, pero no era tanto. Hasta que llegó un día en que acompañé a mi padre al culto dominical de la noche, donde desde pequeño había visto lleno el templo. Esa noche sentí un dolor profundo en el corazón por ver a "mi iglesia" casi vacía. Cuando terminó el culto regresamos a casa y al entrar en mi dormitorio me puse a llorar con una carga muy grande.

Ese fue el primer golpe que sentí de parte de Dios para empezar a preocuparme concientemente por el desarrollo de su obra. En vez de salir con mis amigos me entró un deseo profundo de orar y leer la Biblia todos los días. Quise asistir a las reuniones de los jóvenes los sábados y poco a poco sentí una necesidad más profunda de relacionarme personalmente con Dios.

Coincidió entonces el tiempo de terminar los estudios de secundaria con éstas nuevas experiencias espirituales que me desafiaron a decirle a Dios en oración:

-"Si tú eres real y todo lo que me enseñaron mis padres es cierto, entonces demuéstramelo ayudándome a cambiar mi vida, dejar mis vicios y acéptame como un hijo tuyo".

No sucedió nada extraordinario, solamente sentía una tranquilidad muy especial al saber que por fin podría alcanzar un objetivo que me proponía cada vez que terminaba uno de los tantos campamentos cristianos a donde mis padres me enviaban, poder vivir un compromiso permanente con Dios y servirle.

Los días siguientes a esta decisión fueron diferentes, pero quienes primero se dieron cuenta de mi cambio fueron mis amigos del barrio. Cuando me preguntaron sobre por qué actuaba de otra manera, les conté mi experiencia y los nuevos deseos que tenía de agradar a Dios. Ellos empezaron a bromearme y a decir que ya se me va a pasar. Pero no fue así.

A los 18 años de edad, el 8 de diciembre del año 1976, decidí bautizarme. Tuve la alegría de ser bautizado por mi propio padre que era Anciano de la iglesia. Al siguiente mes, Enero 1977 tomé un curso rápido de evangelización con los "Segadores de la Cosecha" y los futuros primeros jóvenes misioneros de A.M.E.N. Nos fuimos a practicar por tres meses a la norteña ciudad de Trujillo y luego más al norte, a Chulucanas, Piura. 

La experiencia resultó excelente, regresé con inmensas ganas de trabajar con los jóvenes de mi iglesia y allí me dieron la oportunidad de desarrollar mis dones por medio de los diferentes cargos para los que fui elegido. Mientras, en mi barrio empecé a testificar a mis amigos y vecinos, quienes a veces organizaban un lonchecito en casa de alguna de las chicas para hacerme todo tipo de preguntas religiosasy espirituales. Fue una experiencia inolvidable. Los que antes me bromeaban, empezaron a pedirme consejos cuando estaban en problemas con sus padres o sus enamoradas.

El desarrollo del pastorado posterior es motivo de otro testimonio.

¿Era Jesús siempre amable? (¿Insultaba Jesús a sus enemigos?)

Juan Stam, Costa Rica

Hace poco leí algo que me hizo pensar. "Jesús dijo las verdades", afirmaba una carta circular que me llegó, "pero nunca insultó, sino que trató con respeto a todas las personas."

Esa visión de un Jesús siempre amable es muy común, pero tenemos que preguntarnos si realmente corresponde al Jesús del Nuevo Testamento. Todos tenemos una tendencia de visualizar a Jesús, en mayor o menor grado, a nuestra propia imagen y semejanza, conforme suponemos que debía haber sido y no como era.

Según el testimonio de los cuatro evangelios, Jesús más de una vez insultaba a sus enemigos. El cuarto evangelio nos relata que dijo a los judíos, "Ustedes son hijos de su padre el diablo" (Jn 8:31,44), que no era exactamente un piropo. A Pedro en una ocasión lo llamó "Satanás" (Mt 16:23; Mr 8:33; o agente de Satanás, que también era insulto). Al rey Herodes le llamó "aquella zorra" (Lc 13:32). Y a los escribas y fariseos, ¡con cuántos insultos no los agredía! En un solo discurso mateano (Mat 23; cf. 6:1-3), Jesús los tilda de vanidosos y pretenciosos, hipócitas (repetido siete veces, para mayor énfasis), devoradores de casas de viudas, insensatos, necios,  guías ciegos, sepulcros blanqueados, serpientes y generación de víboras. ¡Qué lenguaje más agresivo de este Nazareno!

Los profetas también insultaban a menudo. Amós, llamó a las mujeres ricas de Samaria "vacas de Basán". El término favorito de Ezequiel para los ídolos era "excremento" (GiLûLîM, 38 veces entre 6:4 y 44:12 con el sentido de "ese excremento que adoran ustedes"), una ofensa tan cruda que ninguna versión hoy la traduce literalmente. Juan el Bautista llamó "generación de víboras" a sus oyentes ( Mt 3:70) y denunció los pecados de Herodes, tan drásticamente que Herodes lo mató (Lc 3:19). San Pablo denunció al mago Barjesús como "hijo del diablo" (Hcn 13:10), acusó a Bernabé y Pedro públicamente de hipocrecía (Gál 2:12-14) y declaró malditos a los judaizantes de Galacia y a todos los que predican otro evangelio (Gál 1:8; cf. 5:1-13). En el Apocalipsis, Jesús llama a los judíos de Esmirna y Filadelfia "sinagoga de Satanás" (Ap 2:9; 3:9) y felicita a la iglesia de Éfeso por aborrecer las obras y la doctrina de los nicolaítas, como él también las aborrece (Ap 2:6, ¡a la misma iglesia a la que acusa de perder el primer amor 2.4; cf. 2:15!). A la iglesia de Pérgamo, Cristo viene con espada a pelear contra esos nicolaítas. En 13:1-3, Juan muestra que el imperio romano (la bestia, en su sentido inmediato) fue establecido por el dragón y que culto al emperador era culto satánico. De la historia de la teología y sus invectivas mordaces (Agustín, Lutero, Calvino), mejor ni hablar. Bastan los ejemplos bíblicos.

Hay una paradoja muy significativa en las relaciones humanas de Jesús. Se pronunció a favor de los pobres ("Bienaventurados ustedes los pobres") pero era hostil contra los ricos ("Ay de ustedes ricos", Lc 6:20,24; cf. Mt 19:23-26; Mr 12:41; Lc 16:19; 18:23; 19:8-9). Para "los de abajo" (publicanos, adúlteras, rameras, pobres) Jesús tenía sólo palabra compasivas, de comprensión y perdón, mientras a "los de arriba" (ricos, fariseos, sacerdotes, escribas), cuesta mucho encontrar palabras que no sean severas y, reconozcámoslo, a menudo insultantes. Ni al gran maestro Nicodemo le mostró deferencia alguna. Una paradoja similar marca la figura de Jesús como Príncipe de Paz, pero que no había venido a traer paz a la tierra sino espada (Mt 10:34):


Podemos notar aquí también que el Jesús de los evangelios se enojaba ante la injusticia, la falsedad y el pecado (cf. Apoc 2:6). Nunca se enojó por lo que le afectaba en lo personal; ante el juicio totalmente injusto con que lo condenaron, no abrió su boca. Pero cuando sanó a un enfermo y los fariseos, indiferentes al sufrimiento humano, se dedicaban a ponerle trampas legalistas, vemos a Jesus "mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones" (Mr 3:5). Y a los mismos discípulos, cuando impedían a los niños venir a él, "se indignó" (Gr aganaktew, enojarse). A veces es pecado no enojarse. Un Jesús incapaz de enojarse ante la injusticia no sería nada convincente, ni sería Hijo de Dios.

Tomás Münzer, el reformador anabautista del siglo XVI, protestaba "la bondad ficticia" de un Cristo dulce, desconociendo al Cristo amargo de los evangelios. El Cristo dulce es el Cristo de la gracia barata, domesticado y aburguesado, un Cristo simpático y complaciente.

En fin ¿era Jesús "amable" o no? Pues, ¿qué significa "amable"? Significa que actúa movido y guiado por el amor. ¿Y que es el amor? La esencia del amor no consiste en sensaciones placenteras y sentimientos agradables. Si así fuera, Jesús no podría mandarnos a amar a nuestros enemigos, que nos caen mal y no nos agradan. Amor es fundamentalmente buscar el bien del otro, en las formas que mejor corresponden. En la severidad de sus denuncias, Jesús expresaba su profundo amor hacia los fariseos, aun en las expresiones que nos parecen insultantes según los criterios de nuestra cultura moderna.

No cabe duda de que tolerancia, generosidad y respeto son valores, pero no son los únicos valores ni necesariamente los valores prioritarios. Sobre todo, no debemos imponerlos encima de la figura del Jesús de los evangelios y de las exigencias de valentía (aun osadía) profética que nos enseñan las escrituras.

LAS FAMOSAS TARDES EN EL TALLER DE MECÁNICA

Recuerdo que cuando contaba con 8 años de edad y hasta los 10 más o menos, la partida mi padre por las tardes, a su taller de mecánica del populoso y antiguo distrito de Breña, era algo que me empezó a llamar la atención. Resulta que, como a cualquier chiquillo de esa edad, me daba curiosidad por saber cómo trabajaba él tratando inconcientemente de imitarlo ya que el trabajo requería fuerza física, y yo admiraba esa cualidad de mi padre.

Por esos años yo pedía a ruegos a mi papá que me lleve por las tardes a su taller, pero él me lo impedía porque pensaba que debía dedicarme a los estudios, especialmente en primaria. Me decía que cuando sea más grandecito me llevaría con él y lo podría ayudar en cosas sencillas. Yo aguardaba emocionado ese momento de tomar las herramientas y arreglar bicicletas u otros vehículos menores que había visto cuando íbamos de pasada con mi madre al taller.

Pero llegó la adolescencia y con ella los cambios característicos que tenían que ver también con la psicología, los ideales, los gustos y... los amigos del barrio. Es cierto que cuando inicié a ir al taller con mi papá me gustaba raspar y lijar las pizas de las bicicletas para que él las pintara después. Posteriormente aprendí a desarmar, dar mantenimiento y armar dichos vehículos, pero las cosas fueron cambiando en mi y también mis gustos por utilizar las tardes con mis amigos.

No sé exactamente cuándo fue que empecé a aborrecer los llamados de mi papá para acompañarlos al taller, pero sí me acuerdo muy bien cuando llegadas las 3 de la tarde mi padre se despertaba de su siesta, entraba al baño para desaguar, se despedía de mi madre y al salir a la puerta de la casa lo primero que hacía era dar varios tronantes silbidos que dejaban medio sordo a quien estaba cerca a él.

A veces, calculando el horario, me iba con mis amigos a pasear a algún parque cercano hasta que estaba seguro que mi padre se había cansado de llamarme y había partido sin mi. En otras oportunidades me escondía detrás de los carros estacionados frente a la casa y algunas veces recuerdo haber metido mi cuerpo delgado al ropero, debajo de la cama o en el baño de servicio. Lo cierto es que mi objetivo se cumplía, aunque a veces sabía lo que me esperaba a su regreso por la noche; mi esperanza era que al llegar mi padre, luego de tomar su cena, se vaya a la iglesia y al retornar a casa ya me encuentre dormido.

Las tardes en el taller se convirtieron en una "pérdida de tiempo" para mi que mejor hubiese sido pasarla jugando fulbito con los amigos, haciendo carreras en bicicleta o yendonos a mirar televisión a la casa de uno de ellos. Por lo menos así pensaba por esas épocas, hasta que me di cuenta que el taller no era sólo lugar de trabajo forzado, sino también la oportunidad para conocer a alguna simpática chica que iba a dejar su bicicleta para reparación o pintado; yo era medio vergonzoso, pero una chica linda nunca se me pasaba por alto, a pesar de estar con ropa de trabajo que, como sabrán, no era la mejor presentación ante una damicela de barrio pituco. Pero esa... es otra historia. ¿Qué recuerdos no?

CONSEJOS DEL APÓSTOL PABLO PARA LOS PASTORES DEL SIGLO XXI

I TIMOTEO

CAPÍTULO 1

1.       El verdadero apóstol es enviado por Dios, no por voluntad propia, de amigos o del poder imperante (1)

2.       El verdadero apóstol lo es DE Jesucristo, por lo tanto debe reflejar las actitudes y acciones de Jesucristo y para Él (amor, justicia, misericordia y fe), no para intereses personales ni de grupos de poder (1)

3.       El verdadero apóstol sabe esperar en Dios y enseña a poner la esperanza en Él, no en sí mismo ni en las riquezas materiales (1)

4.       Es necesario ejercer la autoridad pastoral con amor: (5)

a)      De corazón limpio (sincero, íntegro)

b)      Con buena conciencia (sin pecados ocultos), y

c)       Con una fe genuina (sin hipocresías)

5.       La autoridad pastoral puede convertirse en simple palabrería cuando el pastor no es íntegro, oculta pecados y/o juzga a los demás sin hacerlo primero con él mismo (6,7, 19,20)

6.       El pastor debe saber fortalecerse en Jesucristo (intimidad, sinceridad, dependencia) (12)

7.       Debe recordar siempre que Dios confió en él para colocarlo en el ministerio, no por sus capacidades, sino por misericordia y viendo su humildad para dejarse guiar por Él) (12-16)

8.       Debe saber que Dios mostró su misericordia en él para presentarlo como ejemplo de los que piensan que Dios no los puede perdonar (16)

9.       Debe tomar el pastorado con actitud de sometimiento voluntario y conciente (18).  

Moral farisea

Farisea se llama en la Biblia a la doble moral, hipócrita, la que dice una cosa y hace otra, la que juzga a los demás con estándares que no se aplican a sí misma. Tienen moral farisea los que en público condenan a otros, pero en privado hacen lo mismo o peor, los que aparecen como impolutos portadores de la verdad pero esconden sus vicios privados y los niegan si se les descubren.


La moral farisea pulula en nuestro mundo. Muchos de los detentores del poder, en sus distintos grados y maneras, se erigen como jueces de “los otros”, los juzgan, condenan y castigan, publicitan a los cuatro vientos sus conclusiones y se rasgan las vestiduras pero, por detrás, sin parar en mientes, se ceban en lo mismo o peor, pero con ellos son indulgentes y justificativos.


No hay nadie más fundamentalista, intolerante y abusivo que el portador de la moral farisea, la moral de la doble cara. Tal vez como mecanismo sicológico que intenta alejar de sí lo que considera condenable, pecaminoso, pero que no puede eliminar de su propio comportamiento, el portador de la moral farisea se ensaña con quien hace objeto de su atención persecutoria, lo anatemiza y repudia, y llama a los demás a que hagan lo mismo en aras de la pureza y la verdad.


Fariseos los que tiran la primera piedra y esconden la mano.


Fariseos los que a la hora de llamar a cuentas salen huyendo.


Moral farisea la de los que se llenan la boca con la libertad de prensa, hacen de ella su portaestandarte, convocan reuniones internacionales para cuidarla y protegerla, hacen declaraciones altisonantes desde hemiciclos bien iluminados y climatizados, condenan a los que ellos consideran que la violan pero no dicen ni pío cuando, como está sucediendo en nuestros días, se desata una cacería implacable contra alguien que ha dado a conocer información que los pone a ellos al descubierto.


Fariseas las compañías que detentan la propiedad de medios de comunicación, de redes sociales como Facebook o Twitter, de portales en Internet, que cuando alguien divulga algo que consideran que no va con sus intereses corporativos o políticos lo censuran, lo marginan, todo con el afán que la gente no tenga acceso a lo que se dice para que no sepa lo que se está divulgando, para mantenerla en la ignorancia y poder, así, manipularla fácilmente, orientarla como ganado manso hacia donde ellos quieren.


Fariseos los gobiernos que se autoproclaman defensores del mundo libre, paladines de la libertad, que en nombre de tales valores justifican los más atroces procedimientos, aventuras bélicas, avasallamiento de países y pueblos en todas las esquinas del orbe, pero ponen el grito en el cielo cuando alguien pone al descubierto las matráfulas que están detrás de esa careta de santos inmaculados y desatan su ira como dioses tonantes ofendidos. Tomados de sorpresa, descubierta su doble moral, puesta en evidencia su farisaica forma de actuar, desatan su ira sobre el mensajero, sobre aquel que lo único que hizo fue exponer sus trapos sucios al sol, en donde todos los miran, ventilarlos más allá de la casa en donde ellos querían que quedaran guardados a la vista de todos.


Son los pájaros tirándole a las escopetas. El mundo patas arriba, como diría Galeano.

Moral farisea la del que, histriónicamente, deja la silla vacía de Liu Xiaobo en la sala en la que se entregan los Premios Nobel, pero no dice nada de la persecución desatada contra quien, de verdad, está haciendo temblar al poder dominante de nuestros días, a los Estados Unidos de América.


Moral farisea la de los poderosos del mundo contemporáneo, la de los que “construyen el consenso”, el sentido común, utilizando su poder económico, su detención abusiva de los medios.

 Rafael Cuevas Molina, Con Nuestra América 12.11.10, rafaelcuevasmolina@hotmail.com