Estructuras y rasgos psicopatológicos en la comunidad eclesial
Jorge A. León (Cuba/Argentina)
Resumen
El Dr. Jorge A. León, pionero en la psicología pastoral en América Latina, escribe un artículo en el que
aborda las estructuras y rasgos psicopatológicos en las iglesias. Parte del marco teórico ofrecido por
Sigmund Freud, y lo enriquece con su amplia experiencia en el tema al haber atendido cientos de
pacientes con esos rasgos. León muestra las herejías conscientes e inconscientes en las iglesias de hoy
destacando la importancia de la Trinidad en nuestro modo de acercarnos a Dios y el reconocimiento de
considerar a la persona en sus distintos aspectos: alma, mente y cuerpo, único modo de lograr la salud
integral.
Palabras clave: Psicopatología, herejía, inconsciente
Introducción
El objetivo de este escrito es el siguiente: he sido pastor desde el año 1950, y
psicoterapeuta desde el año 1961. Deseo mostrar, lo que a mi parecer, necesitan nuestras iglesias, en el primer decenio del siglo 21. Debemos intensificar la capacitación de nuestros pastores en Psicología Pastoral, incluyendo una muy buena introducción a la Psicopatología. En forma breve hago referencia a las estructuras y rasgos psicopatológicos que he encontrado en las 8 comunidades eclesiales que he pastoreado, y en los 1046 pacientes creyentes que he atendido. Las iglesias necesitan reconocer su herejía consciente o inconsciente, y capacitar sus líderes laicos para trabajar en equipo con los pastores ordenados, para el logro de la salud integral: Alma, mente y cuerpo.
En Junio del año 1950 recibí mi primera designación como pastor suplente aprobado de la Iglesia Metodista de Pedro Betancourt, un pueblo de la provincia de Matanzas, en Cuba; siendo aun estudiante del Seminario Evangélico de Teología de Matanzas. En esa congregación, teniendo sólo veinte años, comencé a atender casos de asesoramiento pastoral. A tres semanas de haber asumido como pastor se presentó un caso muy difícil que debía resolver. Se trataba del intento de suicidio de un miembro de mi congregación al cual le sobraban años para triplicar mi edad. El problema era gravísimo, había seis adultos involucrados, todos mayores que yo, cuatro de los cuales eran miembros de la iglesia.
En esa época de mi vida, no tenía la menor idea de que existían estructuras y rasgos psicopatológicos en la comunidad eclesial, tampoco sabía que éstas podían afectar la vida moral y espiritual de la feligresía. Me dispuse a encarar el problema, utilizando solamente los recursos de mi fe y mi profunda convicción de que Dios me había llamado a Su Santo Ministerio. Afortunadamente, todo terminó bien. Pero yo quedé marcado para siempre, gracias a Dios.
Al darme cuenta de todo lo que me faltaba por aprender para poder ayudar a otras
personas. Y, también, para no sufrir, otra vez tanta angustia; me convencí de que debía especializarme en Psicologia Pastoral. Sobre ese tema escribí mi tesis para graduarme en el Seminario de Matanzas. Y todavía continúo escribiendo.
I.- Estructuras y rasgos psicopatológicos:
Sigmund Freud clasificó a los seres humanos en tres categorías: Neuróticos, psicóticos y perversos. A su vez, cada uno de estos tres tipos de personas se clasifica en diferentes expresiones del trastorno psíquico al que pertenecen. Es decir, hay diversos tipos de neurosis, psicosis y perversiones. Según esta división, nadie sería normal. Es decir, debemos conformarnos, con tener la “suerte” de tener, sólo un nivel bajo de neurosis. Jacques Lacan, el fundador de la Escuela Francesa de Psicoanálisis, tomó del estructuralismo elementos para aplicar al psicoanálisis. Es él quien introduce en la antropología psicoanalítica el concepto de estructura. Las estructuras psíquicas, o existenciales como las llama Alain Juranville, 1. suelen madurar alrededor de los seis años de vida. Lacan clasificó las psicopatologías humanas, según el esquema freudiano, en tres estructuras.
¿Debemos aceptar que ninguna persona es totalmente normal? Una voz se ha levantado, en Francia, en el campo de la filosofía para defender la existencia de una cuarta estructura. Se trata de una persona citada más arriba, Alain Juranville, quien afirma que la sublimación es la cuarta estructura. Según este escritor francés, las estructuras existenciales son las siguientes: La neurosis, la psicosis, la perversión y la sublimación. Un psicoanalista argentino, el Dr. Roberto Harari, dictó un Seminario en Mayéutica: Institución Psicoanalítica, sobre el tema: Neurosis, psicosis, perversiones, sublimación: Estructuras, Puntuaciones 2., el cual cursé con mucho gusto. A partir de este Seminario, he llegado a la conclusión de que es posible llegar a un nivel aceptable de salud mental.
A partir de la teoría de la cuarta estructura comencé a investigar la posibilidad de
encontrar fundamentos bíblicos para una mejor comprensión de las diferencias
estructurales entre los seres humanos. El que busca encuentra, nos dice el Señor, y yo encontré que en la Parábola del Sembrador, nuestro Señor Jesucristo sugiere cuatro formas en que se puede estructurar el sujeto humano, a través de la imagen de cuatro terrenos: El del camino, el espinoso, el pedregoso, y el buen terreno. Un camino, en la Palestina en que vivió Jesús, seguramente no era más que tierra apisonada, endurecida por los que le pasaron por encima. El terreno del camino no es necesariamente improductivo. Las circunstancias lo han hecho improductivo, pero podría dar fruto si se modificaran esas circunstancias. Nos dice el Señor que el sembrador sembró a lo largo del camino, (en griego: parà tèn hodón) pero no logró que en él se produjera una sola nueva vida. (San Mateo 13:1-9; San Marcos 4:1-9; San Lucas 8:4-8). Un terreno lleno de espinos no es necesariamente un mal terreno, de hecho la semilla sembrada nació, pero la nueva vida fue criminalmente ahogada por las circunstancias adversas. Un terreno pedregoso no es necesariamente malo, las piedras pueden ser útiles para cercar el terreno. Cada cristiano tiene que aprender a convertir en escalera las piedras que la vida le coloca en su camino. La parábola nos dice que también existe el buen terreno, o más bien varios tipos de terrenos buenos, que producen fruto en cantidades
diferentes, es decir, conservan su singularidad.
Lo que deseo dejar sentado es que el propio Señor nos presenta una tipología humana, aunque no hay dos sujetos iguales, como no hay dos terrenos iguales. La siembra de la Santa Semilla debe realizarse en todos los terrenos. La pastoral cristiana debe estar orientada al servicio de todos lo seres humanos. La Semilla debe ser sembrada en todas las estructuras psíquicas, con la esperanza de que ésta nacerá, y que el Señor le dará fortaleza a la nueva vida. Él nos dice: “No son los sanos los que necesitan del médico, sino los enfermos”..... “Yo he venido a buscar y a salvar lo que se había perdido”.
Todo sujeto humano es singular y está sujetado por su dimensión inconsciente. Tiene una estructura predominante, pero también puede tener rasgos de otras estructuras. La estructura psíquica, a veces, no se manifiesta con claridad. Ante determinadas conductas uno no está seguro de encontrarse con una estructura dominante, o con un rasgo secundario. Por ejemplo, alguien puede tener una estructura psicótica y no brotarse, es decir, “no volverse loco” (como se dice comúnmente), porque no se han dado las condiciones propicias. Pero sus allegados se dan cuenta de que es una persona “rara”.
Cada ser humano, al llegar al mundo, comienza a ser “bombardeado” por las palabras de sus padres y otros seres que le demuestran afecto. Se encuentra con el “muro del lenguaje” que lo humaniza. Cada aspirante a sujeto humano cuenta, además, con un capital genético, un temperamento particular, etc. En fin, cuenta con lo que Dios ha concedido a cada recién llegado. Además de los elementos innatos y constitucionales, hay que tener en cuenta las experiencias y traumas infantiles. La combinación de factores endógenos y exógenos determinarán una disposición para actuar según cierto tipo de respuesta prefijada. Es decir, a reaccionar característicamente, por motivaciones inconscientes, ante los detonantes que se le presenten en la vida cotidiana.
¿Cómo encarar pastoralmente la estructura predominante en un feligrés?
Lamentablemente estamos acostumbrados a ver a muchos que ofrecen la “gracia barata”, o el acto milagrero, que no es más que la supresión temporal del síntoma que se presentará en poco tiempo de otra manera. ¿Estamos indefensos ante una estructura psíquica inconmovible? Decididamente no. La conversión, concebida como proceso, no como acto mágico, produce cambios reales en el creyente, pero sin grandes alteraciones en la estructura. Veamos como ejemplo el lugar donde vivo. Hoy es un edificio de departamentos, pero se le podría dar un uso diferente, haciendo varios cambios, se podría convertir en una biblioteca, un templo, un gimnasio, un centro cultural, etc. Es posible echar abajo paredes, fabricar más baños, etc. Pero, no es posible destruir las columnas que mantienen la estructura del edificio, porque éste se derrumbaría. ¿Dónde está la base bíblica? Podría alguien preguntar. Si leemos atentamente lo que la Biblia dice acerca de ciertos personajes bíblicos, a pesar de que no tenemos biografías completas, nos damos cuenta de que hombres como Pedro y Pablo mantuvieron una actitud de vida congruente con su estructura psíquica.
II.- Herejías conscientes o inconscientes:
El título de este epígrafe me lo ha sugerido el Dr. Joaquín Jeremías en un largo artículo sobre haíresis (herejía), en el Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, editado por G. Kittel, nos dice: “haíresis es usado como un término técnico cristiano en conexiones conscientes o inconscientes tanto con la filosofía griega, como con sectas judías”.3.
Un diccionario común define a haíresis como “lo escogido en forma de pensamiento
y/o acción”. 4. En otras palabras, la herejía consiste en el acto de tomar una parte como si fuera el todo. La haíresis aparece cuando se escoge una parte de la verdad bíblica, enfatizándola de tal manera, que se ignoran aspectos fundamentales de la revelación divina.
La herejía reina en nuestro mundo posmoderno y, por lo general, los que la padecen se suelen acusar mutuamente, sin aceptar la parte que le toca a cada uno.
Existen muchas formas de herejía. Vamos a considerar, brevemente, sólo tres de las maneras de ser hereje consciente o inconscientemente. 1.- La herejía espiritualista, 2.- La materialista y 3.- La psicologista. He escogido estas tres porque muchas veces son totalmente inconscientes; pero que tienen que ver directamente con el ser de Dios y nuestro propio ser. Para los cristianos hay un solo Dios que se expresa como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo. El ser humano que ha sido creado a su imagen y semejanza, también es uno, pero se expresa en tres maneras diferentes como alma, como mente y como cuerpo. Cada una de estas expresiones de nuestra humanidad pueden ser convertidas en herejía. Esto ocurre cuando alguno de estos aspectos de nuestro ser es magnificado de tal manera que, al estar encerrados en una parte de la verdad, no es posible ver el resto.
III.- Mi experiencia como psicoterapeuta cristiano con relación a las
psicopatologías en las instituciones eclesiásticas.
Lamentablemente no existen estadísticas, ni estudios psicológicos institucionales sobre las comunidades religiosas. Me remito a mi experiencia personal en Argentina, porque de Cuba tengo muy poco material escrito. Aunque conservo recuerdos de algunos casos, pero no tengo historias clínicas para poder analizar situaciones concretas. Tomo, pues, mi consultorio psicoanalítico, en Buenos Aires, como una especie de “boca de urna” para la realización de este breve análisis de las estructuras y los rasgos psicopatológicos en la comunidad eclesial.
Antes de continuar en el desarrollo de este epígrafe debo aclarar que no pretendo hacer un estudio exhaustivo del tema que nos ocupa. Me conformo con presentar algunas situaciones concretas para inquietar y estimular a los que me escuchen para que expresen sus ideas en los grupos de reflexión que tendremos inmediatamente después de mi exposición. Esperamos que cada grupo traiga sus conclusiones, por escrito, para reflexionar sobre ellas, hasta donde nos alcance el tiempo, en una reunión plenaria.
He encontrado varios niveles de psicopatología en el mundo de la Iglesia: 1.- El más evidente es el que muestran algunos sujetos que pertenecen a la comunidad local, 2.- en la “personalidad” de algunas congregaciones sometidas a líderes que predican lo que no practican, 3.- en las estructuras de algunas instituciones eclesiásticas que facilitan el mal uso del poder para maltratar, tanto a los pastores como a la feligresía. En la mayoría de los casos se trata de patologías inconscientes disfrazadas de espiritualidad. Frecuentemente, no se trata de falta de “consagración”, ni de oración, ni de lectura de la Biblia; lo que suele faltar es un adecuado nivel de salud mental. No voy a profundizar en estas consideraciones porque no contamos con tiempo suficiente en esta Consulta. Si las circunstancias me lo permiten, algún día escribiré un libro haciendo un exhaustivo estudio de las situaciones que acabo de mencionar. El propósito de dicho libro sería presentar un vibrante mensaje profético desde la Psicología Pastoral.
En Argentina he atendido a 1048 personas que, como “boca de urna”, nos ofrece una excelente muestra de las situaciones que se viven dentro de las comunidades
eclesiásticas. De esta cantidad de personas atendidas en más de 30 años, el 78%
pertenece a comunidades de fe que están agrupadas en tres grandes mega estruc turas eclesiásticas: Faie, Aciera y Fecep. El 22% restante no pertenece a estas agrupaciones; son católicos, adventistas, judíos, mormones, dos se declararon ateos, uno testigo de Jehová y otro budista. Conozco las instituciones a las que estas personas pertenecen por sus propios relatos y sus propios sufrimientos dentro de ellas. He podido obtener muchas informaciones que sólo es posible lograr cuando un paciente confía en su psicoterapeuta, y se siente amparado por el secreto profesional. Aquí hay mucho material para desarrollar una pastoral profética que pueda armonizar el amor con la justicia, para sanar la iglesia para que pueda mostrar una mejor cara al mundo al cual Jesús nos envía a proclamar su evangelio. Pero, sobre todo, que sirva para evitar que muchos buenos creyentes continúen apartándose de la iglesia para buscar una espiritualidad, que consideran más auténtica, fuera de ella. Ese es el caso de muchas personas que durante años fueron fieles miembros de iglesias evangélicas y que ahora se han apartado. Algunos de ellos han retornado a la Iglesia Católica Apostólica Romana, la cual abandonaron una vez por considerar que no era evangélica. He atendido pacientes que descubrieron que la iglesia llamada evangélica a la que pertenecieron no hacía honor a su nombre. Algunos también descubrieron que la Iglesia Católica que ellos abandonaron en el pasado, no es la misma que existe en el presente. Casi todos los pacientes, especialmente los pastores, se quejaban del abuso de poder que se ejercía sobre ellos. Algunos que los hacían sufrir eran ciertos dirigentes de la congregación local; en otros casos, la queja se orientaba hacia las estructuras de poder de la institución eclesiástica a la que pertenecen. Si bien las estructuras eclesiásticas de las denominaciones suelen ser diferentes entre sí, he encontrado coincidencia en una queja, la del mal uso del poder por los dirigentes de las estructuras eclesiásticas Es bueno recordar la cita, de otro autor, que hace Leonardo Boff, en su libro: Iglesia, Carisma y Poder: “El poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente”.
Alguien podría preguntarme, ¿por qué te has quedado en una iglesia tan enferma?
Tengo varias respuestas para esa pregunta. He aquí la primera; continúo en la Iglesia porque estoy convencido que el Señor me ha llamado a su santo ministerio para cumplir una misión en el momento histórico que nos ha tocado vivir. La segunda, es porque estoy convencido de que cada cristiano está llamado a ejercer el ministerio cristiano del amor y del servicio y que debo predicar este concepto y ayudar a la capacitación del pueblo de Dios para el logro de una amplia pastoral colegiada, es decir, compartida entre ministros ordenados y dirigentes laicos. Debo aclarar que este concepto me ha traído unas cuantas dificultades, pero también victorias. Al llegar a la Argentina procedente de Francia, vine con dos manuscritos de sendos libros, con la intención de publicarlos en Buenos Aires. Uno lo había escrito originalmente en Cuba en el año 1963 para mis alumnos del Seminario Evangélico de Teología de Matanzas; el otro era la tesis con la cual obtuve mi doctorado en Teología, en Montpellier. La segunda obra no tuvo problemas para ser publicada, apareció con el título de Teología de la Unidad, formando parte de la Colección de Estudios Teológicos. La segunda fue rechazada por la editorial evangélica a la cual la presenté. Entre las razones que me dio la Casa Editora para rechazar, la que yo creía, y sigo creyendo que es mi mejor obra, estaba su título:
Psicología pastoral para todos los cristianos. Conservo la carta donde se me dijo que la pastoral era cuestión de los ministros ordenados, que no era para todos los cristianos. Como caribeño, tengo la cabeza dura, y en el año 1971 publiqué la obra por mi cuenta. Como final de la tensión entre la institución eclesiástica y el autor, aparece el siguiente resultado: Del libro Teología de la Unidad apareció una edición; la cual está agotada1. Por el contrario, el libro rechazado todavía está en vigencia. En las librerías está disponible la 12ª edición corregida y aumentada. 6. Mi tercera razón para seguir militando dentro de la Iglesia es porque, aunque reconozco que está enferma, estoy convencido de que ella es la única “enfermera” que le queda a la humanidad. Debo aclarar que no critico al cristianismo como movimiento espiritual, sino a ciertas estructuras de poder que dañan a la Iglesia.
IV.- Mi experiencia como pastor de ocho congregaciones. He sido pastor de ocho congregaciones metodistas, tres en Cuba y cinco en Argentina. En todas he tenido el placer de compartir mi fe, mi predicación, mi asesoramiento pastoral, etc., con hermanos que han sido muy cálidos con mi familia y conmigo. Encontré en casi todos los hermanos una indiscutible fidelidad a Jesucristo. Al arribar a la Argentina, en 1967, sólo conocíamos, personalmente, a cuatro ciudadanos argentinos, dos laicos y dos pastores que encontramos en congresos internacionales. Nosotros no teníamos familiares en este país, las congregaciones locales fueron, y son, nuestra familia. Pero, en todas estas congregaciones también encontramos, como en todas partes, personas sanas y enfermas.
En las ocho congregaciones que he tenido el privilegio de pastorear, también me he encontrado muchos seres humanos con estructuras y rasgos psicopatológicos como parte de la feligresía. Siempre he tratado de ayudar hasta donde es posible dentro del encuadre pastoral. De las ocho congregaciones en seis he encontrado personas en los cuales pude detectar estructuras psicóticas y en las ocho los encontré con rasgos psicóticos. En una congregación pude detectar seis miembros de la comunidad de fe, que algunos consideraban “raros”, o difíciles de tratar. En mi opinión eran psicóticos compensados, aunque algunos con el tiempo, llegaron a “brotarse” y necesitaron internación psiquiátrica. Me alegro mucho que en esta Consulta alguien va a dirigir un taller sobre: Pastoral del paciente psicótico y su familia, tendré mucho gusto en participar.
Neuróticos somos muchos, gracias a Dios. Tomemos esto como un chiste, porque algunas neurosis graves no tienen nada de chistoso. Creo que el grupo de neuróticos es mayoritario en las congregaciones evangélicas. Aunque también hay perversos que son los más peligrosos, algunos los llaman personalidades psicopáticas, otros psicópatas, etc. ¿Por qué? Por varias razones: 1.- Porque, generalmente, no tienen sentimientos de culpa, 2.- Porque no se adaptan al principio de realidad, no están dispuestos a postergar la satisfacción de sus necesidades; por lo tanto hacen cualquier cosa, sin escrúpulo alguno. 3- Se disfrazan con una máscara de falsa espiritualidad, y cuesta distinguir la persona del personaje. 4.- Son incapaces de aprender por medio de la experiencia. 5.- Carecen de tolerancia ante la ansiedad y la frustración, 6.- No establecen vínculos
afectivos profundos. A veces fingen amistad y “hermandad” para sacar provecho de los demás, etc.
En la iglesia, se ha escrito bastante, aunque no lo suficiente, sobre los perversos o
psicópatas. Recomiendo dos libros que pueden ampliar el panorama de las personas interesadas. El primero es del autor noruego Edín Lôvas, se titula: Dictadores espirituales, El abuso del poder en la Iglesia. 6. Lövas diagnostica a los que abusan del poder en la Iglesia como psicópatas. En una nota al pie, el traductor afirma: "El autor utiliza los conceptos de psicópata y dictador espiritual como sinónimos para describir a este tipo de persona". 7. Al comienzo de su obra Lövas dice: "Después de trabajar cuarenta años como guía espiritual, me atemorizan los enormes sufrimientos que causan los dictadores espirituales a personas, grupos y congregaciones cristianas. Al mismo tiempo, me causa consternación el hecho de que rara vez se habla con claridad acerca de esto, aún entre los cristianos y los especialistas en el campo". 8. No voy a intentar resumir el libro. Me voy a limitar a reproducir un párrafo del prefacio y a enumerar los títulos de los capítulos: "Para el dictador espiritual, el ansia de poder ha llegado a ser un vicio, del modo que el alcohol lo es para el alcohólico o el robo lo es para el cleptómano". 9. La introducción lleva por título: Acerca de algo aterrador. El primer capítulo: ¿Qué es lo esencial en los sentimientos del dictador espiritual?. El segundo: Aman ser el centro de atención. El tercero: Están siempre alerta para el
combate. El cuarto: El sentimiento de culpa es su arma principal. Quinto: Rompen a los demás la confianza en sí mismos. Sexto: No comprenden las necesidades de los demás. Séptimo: Tienen una gran necesidad de estímulo. Octavo: Ponen exigencias exageradas. Noveno: Engañan a la mayoría. Décimo: Aman los sistemas jerárquicos. Undécimo: Son casi bienvenidos en los medios cristianos. Duodécimo: Atacan a los débiles. Decimotercero: Han ido muy lejos en su ansia de poder. Decimocuarto: El peligro de utilizar el concepto de dictador espiritual. Decimoquinto: No cuentes con una mejoría. Decimosexto: Cuando son desenmascarados. Décimoséptimo: Rompe todo contacto con ellos. Ultimo capítulo: ¿Cuál será su juicio? ¿Tienen algún valor como personas?. La obra de Lövas apareció en Oslo en el año 1987. La versión castellana en Barcelona en el año 1991. Me voy a limitar a citar el otro libro que he mencionado, vale la pena que el lector interesado lo procure. Son dos autores norteamericanos David Johson y Jeff
Van Vonderen que han escrito un libro titulado: El poder sutil del abuso espiritual,
como subtítulo dice: Cómo reconocer la manipulación y falsa autoridad espiritual que hay dentro de la iglesia y escapar de ellas. 10.
V.- Conclusiones y preguntas
1.- Los cristianos somos monoteístas, pero creemos que Dios, siendo uno, se
manifiesta de tres maneras diferentes; como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo. También creemos que el ser humano ha sido creado por Dios a su imagen y semejanza, según el testimonio de las Sagradas Escrituras. Por lo tanto, siendo uno, también debe expresarse en tres distintas formas; como Alma, como Mente y como Cuerpo. Estos tres aspectos fundamentales de la vida humana deben ser adecuadamente conocidos y cultivados a fin de lograr la salud integral.
2.- Hay creyentes que piensan que los demás deben pensar y sentir como ellos; creen que los que sienten o piensen diferente deben ser semejantes a ellos, que “representan la ortodoxia”. De ahí las diferencias que se presentan para lograr relaciones interpersonales pacíficas y fraternales en la vida congregacional. La problemática no es tan sencilla. Es necesario darse cuenta de que además de las estructuras subjetivas existen otras que también nos condicionan, las estructuras familiares, las denominacionales, las sociales, las económicas, etc. Las diferencias estructurales crean tensiones tanto dentro como fuera de la Iglesia. Espero que los grupos de reflexión encuentren respuesta a la s siguientes preguntas:
a) ¿Cómo podemos ejercitarnos para “pensar y dejar pensar”, como expresó Juan
Wesley en el siglo 18?
b) ¿Cómo podemos ser menos rígidos en nuestras opiniones, para aceptar que un
hermano que piensa diferente puede tener razón?
c) ¿Cómo podemos mantener el amor fraternal entre creyentes que sostienen ideas
diferentes?
d) ¿Cómo darse cuenta de que nadie, excepto Dios, tiene el monopolio de la
verdad? (Hechos 14:6) ¿Cómo podemos aceptar que las opiniones de otros
hermanos son tan respetables como las nuestras? Recordemos que la episteme
(el saber absoluto es sólo uno, que pertenece a Dios), pero las doxas,
(opiniones, doctrinas son muchas y, pertenecen a los seres humanos).
3.- Hemos visto la cita del teólogo Joaquín Jeremías donde se nos indica que la herejía (haíresis) puede ser consciente o inconsciente. Por eso, hay personas que afirman creer en toda la Biblia pero, en realidad, sólo creen de ella algunas cosas, otras no. Son fieles a la Palabra de Dios en forma parcial. (Aclaro que debemo s distinguir entre la Palabra de Dios y la cultura en que ésta nos llega envuelta). Esta visión parcial de la Deidad, (haíresis), muchas veces, se aplica también al ser humano, creado a Su imagen y semejanza. Consciente o inconscientemente tratan al ser humano como si fuera solamente una máquina biológica, un ente espiritual o puro psiquismo. Muchas personas que caen en este reduccionismo, (haíresis), negarían con insistencia que ellos sólo creen en una de las manifestaciones de Dios o del ser humano. Cuando Freud se refirió a la negación como mecanismo inconsciente de defensa, afirmó que la negación insistente representa una afirmación inconsciente. Estas son sus palabras en el artículo publicado en 1925 titulado: La negación: "O bien: ’Usted pregunta quién puede ser la persona del sueño. Mi madre no es’. Nosotros rectificamos: Entonces es su madre". 11. Más adelante añade "La negación es un modo de tomar conciencia de lo reprimido..."
12. Al final de este trabajo nos dice algo que podríamos aplicárselo a él mismo, quien, aparte de su autoanálisis, jamás fue psicoanalizado: "No hay mejor prueba de que se ha logrado descubrir lo inconsciente que esta frase del analizado, pronunciada como reacción: ’No me parece’ o ’No (nunca) se me ha pasado por la cabeza". 13
El mecanismo inconsciente de negación nos permite tres maneras de ser hereje, aunque el sujeto que sufre este trastorno, lo niegue conscientemente con insistencia: El materialista, el espiritualista y el psicologista. El Dios cristiano es Trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y el ser humano pleno es Alma, Mente y Cuerpo. Veamos algunas preguntas para la reflexión en grupos:
a) ¿Cómo hacer consciente la realidad de que podemos sufrir de háiresis,
(herejía) en el ámbito inconsciente?
b) ¿Qué hacer con los conceptos, mal aprendidos, de un Dios persecutorio
y cruel, creado a partir de protofantasías infantiles sobre actitudes de
nuestro padre, o nuestra madre, a quien no podemos amar porque le
tenemos miedo?
c) ¿Cómo hacerse “ateo” a los “dioses” que no existen más que en nuestro
psiquismo, para poder creer en el Dios revelado por Jesucristo en la
Parábola del Hijo Pródigo?
4.- Veamos ahora algunas preguntas sobre los epígrafes III y IV:
a) ¿Qué opinión les merece las experiencias del autor tanto en su rol como
pastor como en el de psicoterapeuta?
b) Vale la pena considerar su experiencia como “boca de urna”? Si esta
muestra no vale, ¿qué método sugieren para investigar acerca del nivel de salud
mental de nuestras congregaciones, de nuestras denominaciones y de sus
dirigentes?
5.- Una conclusión final. En el año 1950 me quedé atónito ante un enorme problema pastoral que escapaba a mis posibilidades de encontrarle solución, pero que marcó mi vida para siempre. Hoy, en el año 2004, nos ha tocado vivir en un momento histórico muy complejo, con dificultades que se manifiestan en todos los países, y que parecen imposibles de solucionar. Este es el mundo en que se inserta la iglesia, participando de la misma problemática. Es evidente la necesidad de incrementar, además de otras acciones, la capacitación en Psicología Pastoral, de los pastores, y de los líderes laicos de las comunidades eclesiales. La magnitud de los problemas a encarar hace necesaria una pastoral colegiada, en la que trabajen en equipo pastores ordenados y dirigentes laicos. La Iglesia debe proveer la adecuada capacitación de sus dirigentes laicos para incrementar el trabajo pastoral en nuestras comunidades eclesiales.
Hay una pregunta que se hace indispensable para los grupos de reflexión: ¿Qué
deberíamos hacer para lograr una mejor capacitación de nuestros pastores y nuestras congregaciones a fin de encarar una pastoral adecuada a los tiempos en que vivimos?
Modestamente, en equipo con mi hijo Jorge, mantenemos en la Web, desde el año 2001, la Primera Pagina de Psicología Pastoral en idioma español, cuya dirección es: www.cristianet.com/psicopastoral Actualmente, también estamos ofreciendo un Curso de Psicología Pastoral a distancia, para pastores y líderes laicos.
CITAS BIBLIOGRÁFICAS
1.- A.,Juranville, Lacan et la philosophie, Presses Universitaires de France, Paris, 1984, pp. 276-286.
2.- R., Harari, Seminario: Neurosis, psicosis, perversión, sublimación: Estructuras y puntuaciones, Mayéutica Institución Psicoanalítica, edición fotocopiada sólo para los participantes del Seminario, Buenos Aires, 1988.
3.- J. Jeremías, “haíresis” (herejía) en Gerhard Kittel ed., Theological Dictionary of the New Testament, Wm. B. Eerdmans Publishing House, Grand Rapids-Londres, 1966, vol. 1, p. 182.
4.- Thayer’s Greek-English Lexicon of the New Testament, Zondervan Publishing House, Grand Rapids, Michigan, 1966, p. 16.
5.- J. A. León, Psicología pastoral para todos los cristianos, corregida y aumentada, con prefacio del Dr. René Padilla, 12ª edición, Ediciones Kairós, Buenos Aires, 2000.
6.- E. Lövas, Dictadores espirituales, El abuso de poder en la Iglesia, Libros Clie. Barcelona, 1981
7.- Ibid., p. 13.
8.- Ibid., p. 11.
9.- Ibid., p. 7.
10-.-D. Johson y J. Van Vonderen, El poder sutil del abuso espiritual. (Cómo conocer la manipulación y falsa autoridad espiritual que hay dentro de la iglesia y escapar de ellas), Editorial Unilit, Miami, 1995.
11. - S. Freud, Obras completas, Amorrortu Editores, Vol. 19, Buenos Aires, La negación, Vol.19, p. 253.
12.- Ibid, p. 253.
13.- Ibid, p. 257.
El presente artículo fue enviado por su autor para su inclusión en Teología y cultura.
© 2005 Jorge A. León. El autor es Bachiller en Teología (Seminario Evangélico de Teología, Matanzas,
Cuba), doctor en Filosofía, especialización en Psicología (Universidad de La Habana, Cuba) doctor en
Teología (Faculté de théologie Protestante, Montpellier, Francia) posgrado en Psicoanálisis (Universidad
Argentina John F. Kennedy). Pastor de la Iglesia Evangélica Metodista desde Junio de 1950. Ex-rector
del Seminario de Matanzas, autor de varios libros de Psicología Pastoral, director del Programa
Permanente de Psicología Pastoral, y la web Psicopastoral: www.cristianet.com/psicopastoral
E-mail: jorgealeon@ciudad.com.ar