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El Blog de Josue Fernando V. J.

EN VITARTE CON OTRA DIRECCIÓN

El tercer año de trabajar en el colegio Internacional Elim de Vitarte, fue una agradable sorpresa, ya que pocos conocíamos al nuevo director. Nos lo vino a presentar el mismo Pastor Rodolfo Gonzales quien dio muy buenas referencias del Profesor Gilbert Montalvo, un hermano de mucha confianza para él ya que había trabajado por varios años en la iglesia y tenía todas las condiciones para hacerse del cargo.

Desde el inicio notamos que era una persona de temperamento pausado y muy respetuoso de sus autoridades eclesiales, pero transmitía confianza y definitivamente era un tipo de director diferente, con otra perspectiva de la educación y la gerencia, a mi modo de ver, más compatible con la realidad donde trabajabamos.

En ese tiempo, a pesar de que cada año entraban y salían profesores, pudimos hacer amigos entre los docentes. No se trataba solamente de trabajar juntos, sino de conocernos más y compartir cosas de cada uno que fueron saliendo espontáneamente. El director mismo apoyaba y participaba de ese mismo espíritu y eso nos permitió construir un ambiente más propicio para una mejor educación.

Personalmente me hice amigo del hermano Jaime, auxiliar de educación del colegio y poseedor de un sentido del humor que no le permitía hablar seriamente mucho tiempo cuando estábamos entre compañeros. Fue fácil tomar confianza con él, de tal manera que un día me acerqué a donde estaba sentado y le dije: "Jaimito corazón de león", en referencia al rey inglés Ricardo. Él se carcajeó y me contestó con otra broma que no recuerdo. Otro día, al saludarlo, quise abreviar el apelativo anterior y le dije: "Curazao". Parece que le encantó la nueva denominación que los dos nos empezamos a llamar así. Fue tan buena la ocurrencia que en el futuro, los nuevos profesores que llegaban se preguntaban el por qué de tal apelativo. Aunque en realidad, cual boomerang fui yo el que me quedé con dicha nominación porque Jaimito la repetía más, así que teníamos que contar la historia.

Otros colegas, amigos personales fueron: el profesor de Educación Física, José Anaipoma, alto y corpulento, conversador y buen jugador de fútbol, muy generoso a pesar de que su situación económica era ajustada. Iba y venía para todas partes con sus dos hijitos pequeños. El profesor de Computación, Adrián, un hermano muy deseoso de servir a Dios, con un carácter tranquilo, pero sonriente y siempre preocupado por la obra pastoral. Su hermano Miguelito, profesor de matemáticas y actual director del colegio de Huaycán. Buen hermano, muy alegre, responsable y servicial, con ciertas inquietudes sociales y ávido por seguir aprendiendo. 

Carlos Condori, un hermano y amigo muy querido, preocupado por sus alumnos, responsable y con deseos profundos de llegar al máximo de su rendimiento y capacidad, compitiendo honestamente con los demás, todo lo calcula, pero con buenas intenciones y prácticas creativas. Fue profesor de matemáticas y ahora pastor y director del colegio de Canto Grande.

Aunque el acercamiento de varones y mujeres era restringido, llegamos a hacernos amigos de dos buenas y entrañables hermanas en Cristo: las profesoras de educación primaria, Mónica y su inseparable amiga Esther (la popular Techi, la "destacada", pregúntenle por qué). Con ellas compartíamos alegrías, bromas y tristezas, pero con esperanza de superación. Nos ayudamos mutuamente siempre con gran alegría y respeto; realmente se dejan extrañar.

La hermana Carmen, tesorera inacabable del colegio de Vitarte. Una hermana de gran respeto por su anhelo ferviente de servir al Señor y aprender más de Él. Con un carácter férreo que por primera vez me simpatizaba, pero con un gran sentido de responsabilidad ante Dios. Sólo nos "caía mal" cuando se demoraba en pagarnos, pero no por voluntad propia. Buena sierva de Dios.

También estaba el posterior profesor de cómputo: Hernán, amigo y compañero "tecnológico", nos ayudaba siempre a salir bien de las tareas de internet. Joven emprendedor y eficiente.El profesor Jossel, ingeniero y buen profesional. Sincero amigo, sencillo de carácter y buen puntero izquierdo. 

El último año de mi trabajo ahí, llegó a trabajar una profesora muy alegre, responsable y sobre todo sincera y... habladora. Me refiero a mi amiga Giovana. Podía pasar de la carcajada al enojo o viceversa con gran facilidad, pero fue un buen aporte para el plantel. También llegó la profesora de biología, Ani, con su carácter calmado, siempre sonriente y con una capacidad impresionante para ironizar. Buena hermana y actual subdirectora del colegio de Canto Grande.

En medio de todo ese entrañable y excelente equipo docente, junto con algunos hermanos y hermanas más jóvenes, trabajamos por 5 años, acompañados y motivados por nuestro director que siempre tenía una palabra de aliento y empuje hacia conseguir nuevas metas profesionales. 

Respecto a los alumnos, puedo afirmar que, por lo general, tuve una muy buena relación, tanto con varones como con las chicas. Muchas veces se me acercaban a pedir consejos, hablarme de algún problema personal o familiar y a veces hasta eclesial. Y aunque algunos, con sinceridad me hablaban de cambiarse de iglesia porque no se sentían en confianza con sus pastores y me preguntaban dónde quedaba la mía para asistir, yo siempre respeté la forma de fe de la iglesia del MMM, aunque, por mi tradición cristiana no pentecostal, no siempre estaba de acuerdo con algunas cosas, pero nunca critiqué su accionar, a menos que fuera una conversación donde, a mí como pastor de otra denominación, me preguntaban los profesores qué pensaba de tal o cuál enseñanza.

Dí lo mejor que pude porque sabía que ese es mi don y el propósito del colegio de formar vidas con un futuro diferente. El cariño, aprecio y respeto que se llevaron es inestimable, según me refieren hasta ahora alumnos y alumnas a través de la red y yo he aprendido a llevarlos en el corazón porque supieron valorar lo que se les ofrecía, aunque varios de ellos, más tarde que temprano. Algunos padres de familia también supieron reconocer el apoyo que les dábamos, especialmente los de primaria.

Los devocionales en Vitarte fueron uno de los lugares donde me gustaba mucho participar. Veía la fe de muchas alumnas y varios alumnos que formaban parte de la iglesia. Como yo tocaba la guitarra, casi siempre estaba en ese puesto dentro de los devocionales y en los tiempos de aniversario y el mes de la Biblia. También participé mucho exponiendo la Palabra de Dios en este tiempo, lo cual me daba oportunidad de hablar aspectos espirituales con los chicos y chicas que venían con sus preguntas a la hora del recreo.

Una de las cosas que nos acercaba siempre a los alumnos de secundaria, eran los partidos de fulbito que disputábamos algunos viernes después de la salida. Jugamos con alegría y compañerismo, ellos esperaban que acabáramos nuestras tareas para poder ir a jugar y después compartir una gaseosa y reirnos de algunas ocurrencias y jugadas. Pocas veces hubo roces entre ellos, siempre nos respetaron aún en medio del calor del juego y se llevaron una muy buena impresión de nuestro juego y los goles que les hicimos.

Este lustro fue muy especial, mejoró mi perspectiva de la educación que se le daba en los colegios Internacional Elim y me dio esperanzas de futuras correcciones para beneficio de toda la comunidad educativa, la alegría de la iglesia y la gloria de nuestro Dios. Por supuesto que los profesores no dejamos de orar con ayunos por nuestros alumnos, al contrario, la carga se hizo más sencilla y agradable con un ambiente más pacífico, de confianza y superación.

Lamentablemente este proceso educativo llegó a su fin, según entendí, por motivos personales que no me es apropiado compartir aquí. A fines del 2005 nos enteramos que el próximo año había cambio de director y, sacando conclusiones, también de metodología educativa. Debió ser bueno para todos, especialmente para los alumnos y docentes, pero resulta que los profesores, sin ponernos de acuerdo previamente, sentimos algo así como que la unidad y el ambiente de compañerismo y confianza que habíamos logrado hasta ese momento en el trabajo, se veía resquebrajar. Además, sinceramente, no me pareció justo lo sufrido con Gilbert, pero eran las reglas de un colegio dependiente de la iglesia del MMM, por lo tanto había que acatarlo o retirarse.

Justamente eso fue lo que ocurrió, me parece que el 90% de los docentes dejó de laborar voluntariamente para el siguiente año, ya que nuestros contratos caducaban a fin de cada año y el siguiente teníamos que renovarlo, si es que había voluntad de ambas partes. Esta vez nuestra voluntad fue buscar otros colegios donde pudiéramos encontrar mejores condiciones de trabajo.

La cercanía del colegio de Pando a mi hogar era extremádamente diferente con la de Vitarte. Allá tomaba el carro a las 6 y 20 para llegar a la hora de ingreso; aquí me quedaba a 10 minutos y hasta caminando despacio lo hacía en 20 minutos.

No negaré que también tuvo que ver el cambio de director, ya que comprendí que había enorme diferencia entre la metodología de trabajo de uno y otro, no porque desprecie la forma de exigencia del Dir. Juan E., sino porque me parece que por momentos cae en exceso de autoridad y más aún, sabiendo que ahora él llegaba con el título de pastor de la iglesia de Vitarte y director del colegio.

Pero considero que mi salida fue dirigida por el Señor, en paz, con buena conciencia y dejando un buen testimonio de mi trabajo y conducta personal y profesional.

Lo lamentable para mí fue que el año siguiente, al volver a Vitarte como parte del programa de aniversario de los Colegios Internacional Elim, que les tocaba dirigir, saludé al hermano Espíritu con la misma sinceridad que lo había hecho siempre, pero recibí de su parte, un saludo casi por cumplir, de compromiso y con desprecio. Nunca pensé que eso pasaría y me llamó mucho la atención, más aún sabiendo que ya había pasado más de medio año de mi salida de Vitarte y cualquier malentendido debió quedar atrás.

Me llamó tanto la atención que tuve que preguntar a quienes conocían al director, qué era lo que le pasaba o por qué estaba así de distante y resentido conmigo. Me enteré que cuando empezaba el año escolar, el Rev. Espíritu, en sus prédicas y devocionales, había empezado a criticar a los profesores que decidimos no continuar laborando en dicho colegio, como si se tratase de un abandono de la obra de Dios o de un rechazo hacia su persona.

Por motivos de la programación del aniversario y sus responsabilidades, no tuve oportunidad de hablar con él para aclarar ese asunto y sólo me quedó orar para que el Señor cambie su perspectiva y no guarde rencor. De mi parte, perdoné el agravio y lo dejé en manos del Señor hasta ahora.

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